Valle de Uco, Martes 13 de Noviembre 2018
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Sabemos todo sobre la administración del tiempo. Subimos “Historias” a las redes sociales con nuestros planes infinitos para el día y, a veces, lamentamos que no tenga 25 horas. Cumplimos en fechas irreales, aprendemos de las áreas que no tienen nada que ver con nosotros y escribimos en nuestro currículum que somos “multitareas”. Nuestros padres dicen que somos trabajadores, nuestros amigos se sorprenden de cómo tenemos tiempo para todo, y nuestros entrenadores personales aseguran que podemos dar aún más. Y solo los psicólogos notan que, en realidad, estamos colgados sobre un abismo, cuyo nombre es agotamiento emocional, o síndrome del quemado.

El síndrome del quemado (burn-out) no está relacionado con el nivel de IQ ni con el rendimiento escolar. A este estado llegan las personas que buscan alcanzar la cima en todos los ámbitos: el trabajo, la vida personal, el descanso (sí, incluso ahí).

El agotamiento emocional surge porque cualquier persona que vive a este ritmo acumula estrés. Muchos de nosotros lo sentimos a diario: al atascarnos en el tráfico rumbo a la clase de yoga, al escuchar el sonido del taladro de los albañiles durante una conversación importante, al perder la conexión con Internet antes de enviar algún mensaje o antes de una nueva publicación en Instagram: la lista puede continuar por toda la eternidad.

Cuando se acumula demasiado estrés, nuestra energía empieza a extinguirse poco a poco, lo cual, al final de cuentas, puede provocar una depresión fuerte y la falta del deseo de ocuparse de algo. Por eso, si observas en ti los siguientes cambios, date la oportunidad de dejar de seguir pedaleando rumbo al éxito y toma un descanso.

¿Te volviste cínico e indiferente?

Muchos de nosotros juegan a ser cínicos, creyendo que es una muestra de gran inteligencia, intentando molestar a alguien o simplemente queriendo imitar a sus personajes favoritos. Sin embargo, hay síntomas de un cinismo no saludable, que es propio justamente del síndrome del quemado.

Pesimismo. Sobre todo, si estás seguro de que más adelante las cosas se pondrán peor, pero no tienes ningún deseo de buscar soluciones a tus problemas.

No querer hacerte responsable. En este estado, miras un montón de correos electrónicos que te enviaron tus compañeros o clientes y no te importan, le quitas el sonido a tu celular para no escuchar las llamadas de aquellas personas que nuevamente necesitan algo de ti, y quieres que toda esa gente que te escribe y llama se olvide de tu existencia.

Asco por la comunicación. En este estado no solo no quieres salir con tu compañero a comer, sino te molestará la mera idea de que se le haya ocurrido a invitarte a algún lado. Las personas que antes eran sociales, al pasar por el síndrome del quemado, se convierten en introvertidas.

Falta de placer. Tienes todo el derecho a no querer ir al trabajo o sentirte aterrorizado con la idea de que tendrás que ver por enésima vez la película de las Tortugas Ninja con tus hijos, pero si dejas de sentir placer por todo lo que llena tu vida y lo que hace poco te daba placer, puedes estar seguro de que estás emocionalmente agotado.

Estás moralmente agotado

Incluso si no quieres aceptar que estás agotado, existen varios síntomas psicológicos infalibles que deberían alertarte.

Insomnio. Toda la noche haces planes para el día siguiente, piensas en los problemas posibles e imposibles, buscas otros métodos de resolverlos, y, por la mañana, estás tan cansado, que simplemente no eres capaz de cumplir todo lo que habías planeado.

Problemas de memoria. Ahora hasta las cosas más importantes que antes nunca se te hubieran olvidado, se tienen que anotar en papelitos o en tu agenda.

Cansancio crónico. Antes podías salir a trotar por la mañana temprano, tomar una ducha contrastante, preparar un desayuno saludable o escribir un par de tuits graciosos. Pero, ¿últimamente apenas reúnes las fuerzas para ir a trabajar? Tal vez estás al borde del agotamiento emocional.

Ira. En este estado, te saca de quicio hasta el detalle más mínimo.

También sientes agotamiento físico

El síndrome del quemado es uno de los problemas psicológicos que pueden repercutir en tu cuerpo. Al descubrir en ti uno de los siguientes trastornos, deberías acudir al médico para que revise si la causa es tu estado psicológico. Entonces, deberías alarmarte si:

Empezaste a enfermarte más seguido;

A menudo sientes angustia y se te acelera el corazón;

Perdiste el apetito.

No sientes ninguna satisfacción de tus actos y crees que eres inútil

Otro grupo de síntomas que acompaña el síndrome del quemado. En este estado puedes sentir:

Apatía. Te parecerá que no tiene caso tomar ningunas acciones, porque todo lo que hagas no tiene importancia ni cambia nada.

Tensión. Al intentar dar lo máximo de ti, te convertirás en una cuerda estirada que en cualquier momento puede romperse.

Falta real del resultado. Este índice se mide en cifras, no en las sensaciones personales. Deberías preocuparte si tu eficiencia baja, a pesar de que le dedicas al trabajo el mismo tiempo que antes.

¿Qué hacer?

Si detectaste síntomas del síndrome del quemado, lo primero que debes hacer es aceptar que no eres omnipotente, no tienes seis pares de manos para poder con todo, y sí, eres un simple humano que puede sentirse cansado. No eres “una persona positiva” que carga a todo el mundo con su energía inagotable. Y luego:

Cuida tu régimen de sueño y vigilia. Sistematiza tus comidas (si estás acostumbrado a ignorar el hambre o ni te das cuenta de que tu estómago pide alimento, pon recordatorios en tu móvil). Bebe agua.

Intenta agregar a tu rutina cardio entrenamientos.

Al sentir estrés nuevamente, intenta hacer ejercicios de respiración. (Por ejemplo, el ejercicio “4-7-8”. Exhala por la boca. Ciérrala e inhala por la nariz hasta que cuentes hasta 4. Guarda la respiración, contando hasta 7, y al 8 exhala de nuevo por la boca).

Ve a que te hagan masajes. Está comprobado que ayuda a reducir el nivel de la hormona cortisol, que provoca estrés.

Habla honestamente sobre tu estado con alguien de confianza: con un especialista o con un buen amigo.

Y recuerda que el agotamiento emocional es un estado al que ninguno de nosotros somos inmunes. Por eso, no te culpes si tu energía de pronto se agota. Empieza a ayudarte lo más pronto posible y ya no te sobreesfuerces trabajando.

(Fuente: https://genial.guru/inspiracion-psicologia/)

 

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