“Aumento abrupto”: ya ascienden a 16.000 los casos de gastroenteritis en Florianópolis y otras ocho playas

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El origen del brote aún está en investigación; sin embargo, desde el gobierno del estado de Santa Catarina sospechan de una combinación viral.

La demanda de atención por el brote de gastroenteritis en las principales playas del sureste de Brasil, que este verano vive un “boom” turístico con la recuperación de la presencia de argentinos, no da tregua y sigue creciendo. Las autoridades sanitarias del estado de Santa Catarina informaron el fin de semana que los casos se extienden más allá de Florianópolis, hacia otras ocho localidades balnearias al norte. Hoy, según precisaron a LA NACIÓN, son 16.000 los casos asociados con este brote epidémico bajo vigilancia.

“Estamos monitoreando el aumento de la cantidad de casos desde principio de enero. Con los municipios que se habló [por la aparición de casos], se les solicitó el relevamiento de las consultas e iniciamos la investigación epidemiológica para establecer los factores de riesgo detrás del aumento del número de casos de gastroenteritis”, detalló Fábio Gaudenzi, superintendente de Vigilancia Sanitaria de la Secretaría de Salud de Santa Catarina.

Solo en Florianópolis, donde el municipio declaró hace dos semanas la epidemia de diarrea aguda, el número de afectados subió un 30% en los tres últimos días, al pasar de 3241 a 4218 la cantidad de personas, entre residentes y turistas, que consultaron en las unidades de pronta atención (UPA) norte (Canasvieiras) y sur (Campeche) de la isla que funcionan como unidades centinela. Se presume que la cantidad es mayor debido a que no todos consultan.

Además de Florianópolis, los casos se extienden a Camboriú, Bombinhas, Itapema, Navegantes, Peña, Balneario Picarras, Porto Belo e Itaja. “Es muy difícil establecer una causa única en este contexto. Normalmente, en un brote con estas características, son varias las causas de estas diarreas”, agregó el funcionario brasileño.

Como publicó LA NACIÓN, los primeros análisis de 12 de 19 muestras de pacientes y una del Río do Brás, Canasvieiras, confirmaron que se trata de una virosis por norovirus humano genotipo 1. Gaudenzi indicó que en tres de cuatro muestras fecales de afectados de Camboriú, más hacia el norte en el estado, se identificó la presencia de rotavirus, otro virus entérico.

Las otras nueve muestras positivas para norovirus corresponden a pacientes de Balneario Picarras, Itajai, Bombinhas, Porto Belo, Camboriú y Florianópolis. “Hemos tenido brotes grandes de gastroenteritis en 2016, cuando se confirmó que el agente causal había sido un norovirus, y en 2019 –recordó Gaudenzi–. En este brote, seguimos investigando.” El funcionario ya había anticipado en un comunicado local el sábado pasado que ya en la segunda semana de este mes, la cantidad de casos había superado a la del brote de 2016.

“Tenemos más de un agente causal identificado [por el norovirus en la mayoría de las localidades y rotavirus en Camboriú], un aumento abrupto de casos y la diseminación de la dolencia. Estaríamos ante una combinación de agentes causales [con respecto del brote de 2016]”, señaló Gaudenzi. De los 25.000 casos de diarreas agudas informados en el sistema de vigilancia de la salud del estado de Santa Catarina, confirmó que “16.000 están asociados con el brote” bajo investigación.

“Altamente contagioso”

Juan Martín Oteiza es investigador del Conicet y trabaja en el Laboratorio de Microbiología de los Alimentos del Centro de Investigación y Asistencia a la Industria (Ciati), en Neuquén, con varios microorganismos patógenos, como norovirus. “Es un virus altamente contagioso, una persona enferma puede liberar millones de partículas virales [en las heces] –detalló–. Por otra parte, este tipo de virus tiene la capacidad de permanecer durante un tiempo prolongado en varias superficies tales como acero inoxidable, plástico, vidrio o madera, entre otras.”

Otra característica interesante, según destacó, es que los norovirus son altamente resistentes a la inactivación. “Todas estas características facilitan su diseminación en el ambiente, pudiendo provocar brotes de magnitud como el que está ocurriendo en Brasil en estos momentos (muy difícil de controlar por cierto, en comparación a los ocurridos con otros patógenos)”, agregó.

A eso, Oteiza sumó que es importante tener presente que la excreción del virus en las heces se produce desde el inicio de los síntomas hasta varias semanas después de la recuperación (hay reportes que mencionan períodos de hasta cuatro semanas, por ejemplo). En este sentido, según continuó, “las personas que sufrieron una infección por norovirus se relajan con los cuidados que tuvieron mientras que manifestaron síntomas, como por ejemplo no compartir toallas, lavarse las manos o higienizar superficies, y, así, el virus puede seguir circulando”. Esto, para el investigador, “genera una falsa sensación de seguridad en las personas”.

Afectados

Carlos, de 44 años, viajó con su esposa y tres hijos a Mariscal, en el municipio de Bombinhas, para pasar fin de año en esa playa. El 31 de diciembre, quince minutos antes de medianoche, empezó con vómitos. El primer día del año pasó todo el día en cama con un malestar general. “Me duró 24 horas. El 2 de enero me desperté y fui a la playa –relató–. A los pocos días, mi hijo del medio [de ocho años] también empezó con síntomas: esa mañana recuerdo que nos íbamos a una excursión en barco de cuatro horas y, obvio, él no pudo ir. Así que me quedé y fue el resto de la familia. Cuando mi esposa le comentó al encargado de la excursión por qué no habíamos ido le dijo ‘sí, hay muchos así’ y nos reconoció el crédito y pudimos ir otro día.”

En el complejo en el que estaban alojados, una familia brasileña empezó con síntomas. “Ellos nos dijeron que era por algo que estaba pasando en al área y que los centros de salud estaban llenos de gente”, continuó Carlos.

Si bien el brote está afectando a personas de todas las edades, Gaudenzi precisó en diálogo telefónico con LA NACIÓN que principalmente son adultos jóvenes. “No se han visto más casos en chicos”, aclaró.

Luana y su novio tuvieron fiebre y dolores estomacales, pero no están seguros de que haya sido por el virus del brote en Florianópolis. No consultaron en las UPA tampoco porque los síntomas duraron un día y se recuperaron espontáneamente. “Está lleno de argentinos; hay muchísima gente y hay playas donde no pudimos entrar de la cantidad que había”, describió, desde Bombinhas, la joven de 23 años. Ayer, la pareja estuvo en Barra de Lagoa, un distrito de Florianópolis donde, por ahora, las playas son aptas para uso recreativo de acuerdo al mapa de balneabilidad del Instituto de Medio Ambiente de Brasil. Según les comentan otros turistas argentinos, las playas “más contagiosas” están más al norte. Luana contó, además, que una de las recomendaciones por estos días es lavarse los dientes con agua de bidón.

Carolina de Gregorio, de 23 años, se alojó con amigas en una casa en Playa de la Laguna, en Florianópolis. “Nos contagiamos para el 11 de enero. Caímos 10 de 12 en el grupo –dijo–. Tuvimos fiebre, dolor de cabeza, diarrea, vómitos y dolor de panza. No fuimos al médico, nos cuidamos con la comida y tomamos Gatorade. Muchos en la misma playa, y las playas cercanas, estaban con el virus. No sabemos cómo nos contagiamos porque nos cuidamos con el agua, siempre comprábamos en el supermercado. No obstante, después de enfermarnos empezamos a lavar la verdura con agua que comprábamos.”

Sebastián Ropero, de 26 años, estuvo siete días en Praia do Rosa y los últimos tres los pasó en Florianópolis, en Playa de los Ingleses. El primer fin de semana de enero, sintió malestar estomacal, con vómitos y diarrea, y poca fuerza, sueño y deshidratación. “Mi caso fue un poco más extenso, estuve una semana entera hasta sentirme 100% recuperado –repasó–. Pero mi hermana se sintió mal por dos o tres días. Ninguno tuvo necesidad de ir a un médico. Fue solo cambiar la dieta a arroz, puré y pechuga de pollo. Cada tanto, si el malestar era muy fuerte, alguna medicina para el estómago.”

En Praia do Rosa, se alojaron en una casa con cocina propia. “Ahí pudimos ser mucho más cuidadosos con el agua, hirviéndola antes de tomar e incluso para hacer hielo”, detalló Sebastián. En Florianópolis, estuvieron en un hotel: “Relajamos los cuidados por no tener las mismas posibilidades”, comentó.

El último día de las vacaciones, se cruzaron con una chófer de Uber que les comentó que había una alerta bromatológica en las playas de Florianópolis. “Los turistas no tenían la información porque no la publicaban para no espantar al turismo; nos empezamos a enterar cuando volvimos”, dijo.

Fuente: Fabiola Czubaj,  La Nación

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