CRÓNICAS MUNDIALES 7: “Nuestro plus”

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Por Juan Jofré

Llegamos a la séptima crónica, como nuestra selección llegó al deseado séptimo partido, el partido final, el de la gloria y los desvelos.

Iba a escribir de tácticas y estrategias, y de los buenos equipos que no pudieron llegar. Pero los dedos se me fueron para cualquier lado y salió lo que brotó.

Mucha gente me ha preguntado pálpitos para el domingo o anticipos de lo que puede pasar, y he dado opiniones como experto que no soy. Pero siempre decía algo así como que confío en un plus que creo que tenemos.

Porque estoy convencido que lo más distintivito del equipo es que logró tener un plus extra, que funciona como origen de esa garra para correr una más, para levantarse al ratito de haberse caído, o la fortaleza de saber aguantar los momentos en que el rival nos domina. Creo que estos pibes encontraron o descubrieron una motivación nueva.

Un futbolista de elite debe tener, además del talento y el trabajo, amor propio y confianza en sí mismo. Debe tener espíritu de competencia para ir a buscar la victoria siempre. Debe tener sangre o huevos como decimos vulgarmente ironía mediante. Debe tener resiliencia o al menos intentarlo, para sobreponerse a los malos momentos lo más rápido posible.

El jugador de fútbol debe lograr poner su cabeza lo más fría posible, para intentar tomar las mejores decisiones posibles, sin perder su “pecho caliente”. A su vez, debe saber manejar la atención y la concentración, enfocado en las funciones que se le han encargado, mirando lo que debe, y no decaer un segundo porque ahí se producen los errores.

Todo les sirve de motivación para un partido, y muchas veces con eso alcanza.

La scaloneta tiene esos jugadores, o la gran mayoría ha logrado o ya tenía esas características.

Pero el secreto es que han encontrado una muy superior.

Si yo fuera parte de ese maravilloso cuerpo técnico, como incluso lo soñé, les contaría la verdad. Pero como estoy detrás de la TV igual que vos, te cuento lo que creo.

Me parece, sospecho, supongo… que lo que les ha dado ese extra de reaccionar rápido y de tirar para arriba siempre y todos juntos, absolutamente todos, es que lograron jugar para otros.

La mayoría de los futbolistas juegan para ellos, para su ego, para su superación, y tal vez de vez en cuando piensan en sus familias o algún que otro amigo.

Estos muchachos lograron comprender que juegan para un pueblo. Lo han visto, lo sienten. Lo han vivido como niños, como hinchas. Saben lo que significa una alegría futbolera para nuestro pueblo.

Saben porque lo han experimentado, pero también porque lo han madurado, y porque lo comparten.

Se han dejado agarrar por los sentimientos, recuerdos, afectos. Lloran, se abrazan, se dan besos, se dicen palabras lindas.

Rompieron con la mirada de mierda de que ser profesional es ser serios y abstraerse de lo que uno siente. Al carajo con esa porquería de teoría.

Rompieron con la mirada del futbolista macho, hombrecito, serio y que no llora.

De Paul le dice a toda voz a su novia que la ama y le agradece. Lisandro Martínez llora en cámara descargándose con el periodista como si fuera un amigo.

O el mismísimo capitán, que para motivar y sensibilizar a sus compañeros en la final de la copa América, les puso de ejemplo a nuestro arquero, que había sido papá y “nolepudohaceupa”. Sí, a lo Messi. Los sensibiliza con una imagen de nuevas paternidades, de la emoción de hacerle upa, de tener entre brazos al hijo o hija. Les está enseñando a jugar por esos otros que nos llenan la vida.

Como si todos esos motivos extras no alcanzaran para demostrar que juegan por sus afectos y por todos nosotros que somos ese “otro” que los mueve, creo que hay un componente más, y muy importante.

Ese componente de más también nos incluye a casi todos, y no solo a los argentinos, sino también a gran parte de la población mundial.

Ese componente se llama Lionel Andrés y lleva el apellido Messi.

Sus compañeros juegan a muerte y si es necesario darán la vida porque Messi logre levantar ese trofeo único que tanto se le viene negando.

Los pibes que juegan al lado de Messi, juegan al lado de su ídolo, y juegan para intentar ayudar a su ídolo a que logre el único objetivo que le falta, y por el que tanto ha luchado y aguantado bobos que han dicho de él mil zonceras.

Todos esos pibes y todo el cuerpo técnico, desean más ganar la copa para decir “yo lo ayudé a Messi” que para decir “yo la gané”. No solo juegan para ellos, para su propia gloria, para tocar ellos el cielo con las manos, sino que lo hacen por ese otro.

Agarré embalaje y sigo, porque creo que esta vez, nuestro Messi, también lo juega por otros, y eso lo hace distinto.

La madurez le ha permitido abrir otras perspectivas y comprender que lo que él hace tan bien, es valioso solo porque hay millones de personas a las que las hace feliz, y entonces juega para esas personas.

Y encima, la paternidad. Levanta la vista y sabe que además de su esposa, en la tribuna están esos tres pibitos que han crecido, son conscientes de lo que pasa, y lo sufren y disfrutan como si hubieran nacido en Argentina y tuviera tierra de barrio en las rodillas.

Nuestro 10 sabe lo que genera en los niños del país y del mundo entero, porque cada vez que llega a su casa esos tres huachines se lo han hecho comprender.

“Mateo se fue llorando y haciendo cuentas” confesó Messi, después de haber perdido con Arabia y de contar a la prensa que sus hijos habían sufrido mucho el partido.

Que el tipo sepa eso, es como que salga de jugar y caiga a tu casa y tu hijo o hija le cuenten como lo viven. El tipo tiene ahí un anclaje en la realidad que nunca antes había tenido. El tipo tiene ahí esos nuevos motores, y juega por ellos, juega por otros, porque entendió que hay gente para la que ganar la copa es aún más importante que para él.

¿Y nosotros? Aquí viene cuando la chancha se cae al barro.

Nosotros, la gran mayoría del pueblo argentino, soñamos con la copa, no desvela, es nuestra máxima ilusión, y en todos los mundiales nos ilusionamos, pero… pero… esta vez también es diferente.

Esta vez sentimos que este quipo se la merece.

Sentimos que el cuerpo técnico está lleno de “amigos” nuestros y han hecho un enorme trabajo, que nos garantiza equipo de selección al menos para dos mundiales más, y que se recontra merecen la copa, porque, entre otras cosas, nos dieron la lección de lo importante que es respetar los procesos, darse los tiempos, y trabajar en equipo por un objetivo común más importante que los individuales.

Pero además, todos, todas, quienes habitamos este bendito suelo futbolero deseamos que sea él, que sea nuestro líder y capitán, que sea ese petiso bravo que tantas maravillas ha hecho el que por fin le de un beso sentido a esa copa… soñamos, imploramos, rezamos, imaginamos y lo queremos por él.

Por nosotros también, por su puesto. Cada uno de los que festejamos lo sentimos como un logro propio, como un triunfo de todos, del país, de nuestro fútbol, y siempre creemos que algo aportamos con las cábalas, los rezos, ritos, gritos y el amor que le ponemos.

Pero nadie de buen corazón, y me digan lo que me digan, nuestro país está repleto de una gran mayoría con buen corazón, deseamos que Lio pueda romper la maldición y agarrar con su manitos ese trofeo resplandeciente que hipnotiza y enloquece.

Lo deseaos por él.

Lo deseamos por otro.

Esto es un plus.

Es el plus que siempre tiene nuestro pueblo, aunque los agoreros de la negatividad insistan en los defectos y nos quieran tristes y poco orgullosos de lo que somos.

El domingo, rodéate de esos otros y otras a los que amás, y metele cábala, rezo, hualicho o lo que te den ganas, pero no le aflojes por favor al deseo solidario de que la copa la ganemos por esos otros.

Llénate los ojos de esos otros u otras que no están y que quisieras abrazar, o que imaginás que están al lado tuyo con los mismos nervios y la misma ilusión.

Como Lio, que levanta la mirada al cielo siempre buscando a su abuela.

A su amigo Sabela.

Y sobre todo ahora también, al dios terrenal y solidario que supimos conseguir en el pasado, llamado Diego Armando, que está ahí, también deseando que levantemos la tercera, por los otros, por nosotros, por él y por Lionel.

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