Valle de Uco, Martes 25 de Septiembre 2018
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Elecciones“Elecciones, el calvario de los muertos vivos” podría ser el título de alguna película. Las elecciones tienen esa particularidad, la de dejarte con todo o dejarte con nada, es el poder político que se vuelve a repartir.

Barajar y dar de nuevo podríamos decir. Eso pasó el domingo, se volvió a repartir. Once comunas quedaron en manos del Partido Radical, esta vez agrupado en un frente electoral donde confluyeron fracciones diversas como el PRO y el Socilismo, el PD y Libres del Sur. De cinco que tenía pasó a tener once.

Nuevamente el Radicalismo se transformó en la fuerza política de mayor peso en la provincia de Mendoza, algo que se contrapone a la realidad del centenario partido a nivel nacional donde claramente ha pasado a ser furgón de cola de fracciones políticas como el PRO. Sin embargo es cierto, en Mendoza los herederos de Alem, si es que queda algo, han vuelto a ser una fuerza política con poder real.

Mendoza es rara, es rara en tanto siempre ha deambulado entre dos fuerzas políticas que se han ido alternando en el poder. Con acuerdos generales, ha desarrollado una convivencia democrática donde algunas políticas de Estado se han sostenido en el tiempo. A esto antiguamente se le sumaba el Partido Demócrata, que daba una suerte de equilibrio y se presentaba como tercera fuerza en disputa, tensionando las acciones políticas en un sentido conservador.

Estas últimas elecciones han puesto en tensión esas realidades históricas, por un lado el PD como tercera fuerza ha desaparecido. Perdido en el devenir de los tiempos políticos, llevó adelante una alianza con el Radicalismo que lo privó de tener representación parlamentaria, quedando fuera de las decisiones de las políticas.

Al panorama se le agrega la aparición del FIT, que aún lejos de consolidarse como fuerza políticas, hoy tensiona desde el ámbito legislativo en un sentido que podría decirse progresista. Pero que al no ser verdaderamente fuerte, dio como resultado que la política mendocina en estas elecciones girara en una suerte de bipartidismo, repartiéndose la mayoría de los votos entre los dos principales frentes electorales.

Ciertamente se repartió y alternó el poder, lo que no significa que se gobierne en un mismo sentido. Está  claro que el conservadurismo mendocino conduce ahora la provincia y que, lejos de ser una opción real, el progresismo ha dividido sus votos.

Una política de ajuste pareciera, y digo pareciera porque todavía no hay acciones que lo confirmen, rondar los próximos años de gestión provincial. Esta situación se complejiza en vista a lo que indica la realidad nacional, donde Mendoza pasó a ser una provincia opositora al gobierno nacional. Es decir, los recursos en una provincia que es dependiente del poder nacional, van a escasear.

Hoy estamos frente a una nueva realidad política, el liderazgo del derrotado peronismo se ve difuso. No se asoman, producto de que los que perdieron fueron los grandes referentes (Ciruca, Mazzon, Abraham, Bermejo, Miranda), una nueva conducción y por ende una oposición, fundamentales en la vida política mendocina.

La vida política de Mendoza se está reacomodando y ante las exigencias del electorado que se han complejizado, se vuelve necesario que en la disputa diaria del poder los dirigentes que se impusieron y los que se van a constituir como oposición, estén a la altura de los tiempos que corren.

Seguramente el baño de humildad al que el electorado sometió al peronismo, la gran responsabilidad que le dio nuevamente al radicalismo y el voto de confianza que le otorgó al FIT, darán como resultado al menos mesura en las decisiones que se tomen. Por lo que queda, los ciudadanos, los que la vemos desde la tribuna, tendremos en dos y cuatro años la posibilidad de barajar y dar de nuevo. Porque al fin y al cabo de eso se trata la democracia, de repartir.

 

 

 

 

Prof. Rodrigo Hinojosa 

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