Valle de Uco, Lunes 10 de Diciembre 2018
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eleccionesMe sorprendió ver los porcentajes de votantes que asistieron a las urnas: casi el 80 por ciento en San Carlos, contra el 60 por ciento en Capital. Confieso, al ver por televisión a un par de mujeres grandes (de la super top ciudad de Mendoza) que no habían ido a votar, no solo sentí vergüenza ajena por la forma en que se expresaban sino que principalmente me dio temor el rumbo de esa especie de moda (chic, psicobolche, pseudo pensante) que tiende sistemáticamente a defenestrar el sistema democrático, en especial el sistema representativo partidario.

“No fui porque habían tantos candidatos, y todos eran lo mismo”, “No encontré ninguna propuesta y por eso no fui”, “La gente desconfía de los políticos, por eso no va a votar”, fueron algunas de las justificaciones por las que no se cumplió con el acto electoral, que más allá de ser un deber ciudadano, también es el principio del derecho a reclamar después (pregunto: ¿puedo quejarme si no participo en lo más básico, que es la concurrencia a las urnas?).

Nadie niega que parte del desprestigio de la clase política, sea el resultado de sus mismos actos. Pero hay que ser claros: deshonestos, corruptos, oportunistas hay en todos los ámbitos, y el gran ninguneo a los partidos políticos y a sus referentes viene directamente de los años noventa, cuando se propició un achicamiento del Estado, en pro de las mega empresas que solo buscan beneficios propios, un neoliberalismo salvaje que derivó en la pobreza de más de la mitad de la población argentina (ni qué decir de la época de la dictadura, cuando nos insertaron el chip de “la política es sucia”).

La verdad que hoy me da miedo esa especie de moda que navega en un sector de la población que pretensiosamente se ostenta como más pensante, y que a través de diferentes medios solo se dedica a criticar a los partidos políticos y a quienes militan en ellos. Debo aclarar que, personalmente, creo que la sincera militancia política partidaria es una de las acciones más dignas que puede realizar una persona. Más allá de esta percepción (personal y subjetiva seguramente), es necesario, por lo menos un llamado de atención a quienes, livianamente critican el sistema democrático y sus mecanismos. ¿Qué hay si no sustentamos la Democracia? ¿Quiénes ocuparán los espacios que dejan los ciudadanos cuando ni siquiera concurren a las urnas? Si el sistema político partidario es tan malo como pregonan algunos ¿cuál es la opción que queda? Porque en los discursos todo suena muy lindo: “participación horizontal”, “compromiso individual”, etc., pero en lo concreto, ¿Cuál es la opción a la democracia sustentada en los partidos políticos como representantes de la población? Dicho de otra forma: si no voy a votar ¿qué hago para asegurar mis derechos y mis libertades y las de los demás?

No seamos ingenuos: darle me gusta a una nota que desprestigia a la clase política no es una moda inocente, puede no solo crear ciudadanos apáticos y descreídos de todo, sino lo peor de todos es que va generando espacios vacíos que, rápidamente pueden ser ocupados por los verdaderos malos del mundo.

 Por Marcela Hinojosa

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