Valle de Uco, Martes 25 de Septiembre 2018
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Martín Aveiro-y-una-madre-buscando-a-un-niño-perdido

Martín Aveiro-y-una-madre-buscando-a-un-niño-perdido

Difícilmente estas editoriales sean benevolentes con las gestiones municipales, ya que en general vemos que éstas, lejos de resolver las problemáticas de los ciudadanos, se dedican a trabajar en la inmediatez, a incorporar personal y funcionarios con escasa capacidad técnica; muchas veces se observa que los municipios no están a la altura de las circunstancias, deambulando entre la poca previsibilidad y la falta de políticas de Estado a largo plazo.

Esta apreciación, varias veces se ha hecho pública a través de notas difundidas por este medio, y en ese marco, es menester que cualquier columnista tenga un compromiso profundo con la verdad, o al menos con lo que considera la verdad. La honestidad, tanto de lo que se piensa como desde dónde se lo piensa (llámese ideología, subjetividad, visión, etc.) debe ser un compromiso, no solo con la ética individual sino también, y principalmente con el lector. Para ser más claros, cuando lea esta editorial sepa que está escrita para usted, lector, desde un punto de vista, subjetivo, ideologizado, pero principalmente honesto.

La editorial de esta semana es el resultado de la observación inmediata, cercana a un hecho que sacudió al Valle de Uco entero, principalmente al pueblo de Tunuyán. El pasado miércoles, una tormenta de agua, viento y granizo se desató sobre el predio del anfiteatro municipal, donde miles de personas celebraban la Fiesta de la Vendimia departamental. La situación, inevitable, como suele suceder con cualquier contingencia climática, no llegó a ser catastrófica, pero si traumática para la mayoría. Las personas que asistieron a este evento pueden dar cuenta de lo vivido: las corridas, el caos, la pérdida de niños y abuelos, el granizo, la oscuridad, todo se conformó de tal forma que, quienes estuvimos allí sentimos, durante varios minutos, que el mundo podía terminar en ese mismo momento. Sin embargo, y después del gran susto, podemos decir que hubo un resultado positivo: todos los niños perdidos se encontraron, hubo muy pocos heridos (y de carácter leve), nada que lamentar, solo la suspensión de la primera noche de festival y el estrés postraumático de quienes vivimos ese momento.

Siendo plenamente honestos con el lector, y a título personal, puedo decir que no coincido con muchas de las políticas llevadas a cabo por el municipio de Tunuyán, (aclaro que con otras sí lo estoy). Pero en esta situación, debo destacarlo, el accionar municipal fue, no solo comprometido, sino también muy eficiente. Mientras la catástrofe sacudía el anfiteatro, muchos de nosotros pudimos ver cómo el actual intendente de Tunuyán, Martin Aveiro, y parte de su gabinete,  trabajaban de manera incansable, debajo de la piedra y el agua. Desdibujados, en medio del caos y la oscuridad rescataban mujeres con niños, guiaban a las personas hacia las salidas, revolvían sillas buscando chicos perdidos, trataban de ordenar el plan de contingencia y sobre todo, asistían y daban respuestas inmediatas y concretas a quienes las necesitaban.

Cuando se encontró, a las cinco de la mañana, al último niño perdido, sin dudas pudimos decir que el trabajo se hizo bien, y sin ser obsecuente, se deben destacar dos cosas: una, es la forma en la que un dirigente como Aveiro encaró y se puso al frente de la situación; aun cuando su familia entera se encontraba en medio del caos, el actual jefe comunal se echó al hombro el trabajo, y laburó hasta que todo estuvo bajo control. El otro hecho que debe rescatarse es el de los más de 50 voluntarios que, inmediatamente sucedieron los hechos se pusieron a disposición para ayudar en lo que hiciera falta. Al parecer, la solidaridad se manifiesta de manera brutal cuando más se la necesita.

Personalmente creo que las sociedades se construyen en base a solidaridad y compromiso con el otro. En esta situación, Tunuyán se puso a prueba y,  apareció lo más importante para una sociedad necesitada: solidaridad de todos, y dirigentes que pudieron canalizarla de la mejor manera. Después quedarán los análisis de si pudo o no mejorarse el plan de contingencia, pero lo cierto es que en ese sentido, por voluntad de las personas y de los dirigentes los resultados hablan por si solos.

Por Rodrigo Hinojosa

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