Valle de Uco, Martes 11 de Diciembre 2018
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EL PORTILLO PASO 3

Por Paula Hinojosa

 

Una nueva contradicción ambiental en el Valle de Uco divide a la comunidad. Mientras algunos ganan con el turismo local, parecería que no quieren que otros sectores productivos de la región avancen. Mientras se instalan decenas de emprendimientos extranjeros “extractivos”, a nadie le preocupa la situación del piedemonte. Mientras muchos vecinos reclaman por la basura, las acequias contaminadas, los desperdicios de algunas fábricas sobre el arroyo San Carlos, otros, “férreos” defensores del ambientalismo “plantan” carteles de “propiedad privada” sobre las tierras del Cajón de Arenales y se apropian de más de mil hectáreas. Mientras una gestión municipal (cuestionable en algunas cosas) es una de las pocas en la provincia que trabaja sobre un Plan de Ordenamiento territorial departamental, otros defienden el “kiosquito” y no les preocupa profundizar cuál es la matriz productiva regional, o por lo menos empezar a pensarla.

 

Ahora bien, ¿cuál es, esa matriz productiva en el Valle de Uco? Somos antiminería, de eso no cabe duda, pero también es seguro que debemos generar una principal actividad regional, que permita que quienes vivimos en esta tierra podamos quedarnos, criar nuestros hijos, con trabajo digno y vivienda, en un ambiente sano, cuidado y planificadamente desarrollado.

 

Las asociaciones productivas, la búsqueda de mercados para vender lo que se produce, el apoyo a los productores locales para manufacturar su producción, el incentivo al turismo, la formación de los jóvenes, la inserción de capitales para generar lugares de trabajo, y tantas otras medidas, apuntan a reafirmar la matriz productiva local que le dice “no a la minería”, pero que intenta que todos los habitantes de este lugar se desarrollen plenamente, en lo que saben, en lo que hacen y en lo que les gusta.

 

Y aquí viene la cuestión. Durante la semana pasada se anunció que las máquinas de Vialidad comenzaron a acondicionar el camino desde El Manzano hasta el paso El Portillo: muchos se alegraron porque este es un proyecto que data de años y en el que distintos hacedores, como Antonio J. Scaravelli, fueron precursores y luchadores para llevarlo adelante. El objetivo actual, según se explicó desde los funcionarios responsables “es tener una ruta en condiciones mínimas necesarias para que los turistas lleguen sin inconvenientes, a los parajes de la zona y al Portillo Argentino. Desde ese lugar hasta el paso Portillo Piuquenes se pretende trazar la huella turística para los que visitan el valle del río Tunuyán, el refugio Real de la Cruz o para los que realizan desde hace más de veinte años el cruce de los Andes”.

 

Entre otros fundamentos que han llevado a las autoridades a replantearse con mayor interés el trazado próximo de este camino está la proyección de emprendimientos relacionados con el turismo y el deporte, como la creación de un nuevo centro de esquí para Mendoza. Esto implicaría estudios de impacto ambiental y audiencias públicas, entre otros pasos, ya que la ruta está dentro de las reservas naturales declaradas por las leyes 6.128 y 8.400. Básicamente se apunta a incentivar el atractivo del lugar, y trasformar el sendero en un potencial paso directo hacia Chile. Además, sería el primer paso para lograr una ruta directa hasta el vecino país y el Pacífico, con la potencialidad que eso significaría para la producción local.

 

A partir de los trabajos que las máquinas comenzaron a realizar en el lugar, varias personas salieron a oponerse en las redes sociales y a organizar marchas para que las máquinas se retiren. Más allá de los argumentos, lo que se está planteando es una visión bastante “elitista” de los bienes que, la verdad son de todos, y de los que todos deberíamos disfrutar. Obviamente que el cuidado del patrimonio histórico y natural es básico, pero oponerse a que se mejore un camino, que permitirá que muchas más personas conozcan el sitio (no solo los jóvenes fuertes, sanos, con zapatillas especiales y que pagan alrededor de 8000 pesos a los prestadores turísticos) es, por lo menos, una actitud bastante egoísta. Pero eso no es todo. Muchos de los que se oponen (acaloradamente en las redes sociales), forman parte (o apoyan o se quedan en silencio) de una Fundación que se ha “apropiado” del Cajón de Arenales. Una asociación integrada por algunos “privilegiados” sancarlinos y tunuyaninos (también un par de porteños), que de un momento a otro se quedó con más de mil hectáreas en una de las zonas más lindas que tiene nuestra cordillera del Valle de Uco (sin contar las nacientes de agua que hay en el lugar y que el sitio es considerado el mejor lugar de escalada de Sudamérica).

 

Además del tema de la apropiación de tierras (que tal vez pueda ser legal, pero no ético), lo preocupante también gira en torno a las protestas. Curiosamente, muchos de los que han manifestado su disconformidad públicamente por el trabajo de las máquinas y convocan a manifestarse son militantes políticos, que le atribuyen a la actual gestión municipal una función destructiva del patrimonio. Convengamos que, nos puede o no gustar la gestión municipal actual, pero nadie puede criticar el trabajo que se ha hecho de, revalorización  del atractivo natural del departamento y de la recuperación de la historia sanmartiniana (sumado a una excelente promoción, ha generado un aumento turístico impensado, muy superior al de los otros dos departamentos del Valle de Uco).

 

Por otro lado, están los verdaderos ambientalistas. Aquellos que poseen una concepción en relación al entorno, y a “la venida del progreso”. Ideas son ideas, y son esas las que se respetan, lo que no implica que no se cuestionen. Eso es lo que intenta este escrito, que evidentemente se muestra a favor de un paso a Chile por El Portillo, y por el momento, de un sendero turístico que “sociabilice” las bellezas de nuestra cordillera. Lamentablemente, lo que sucede a menudo es que las ideas –y más en año electoral- son apropiadas y desdibujadas de su verdadero fin.

 

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