Valle de Uco, Martes 25 de Septiembre 2018
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Medios de comunicacionQuisiera por medio de esta editorial apelar a la responsabilidad del pensamiento crítico de los lectores, pensamiento que implica necesariamente desprenderse de prejuicios y mirar con nitidez lo sucedido en los últimos días. Pero que, por sobre todo, conlleva entender hacia dónde se pretende dirigir la opinión de los ciudadanos, desde algunos medios de comunicación. No podemos alejarnos de los hechos que nos han conmocionado.

Un fiscal, que lleva adelante la causa del atentado a la AMIA, decide acusar a la presidenta y a parte de su gabinete de encubrimiento. Las acusaciones giran en torno a la potencialidad de hechos que, debían suceder y no lo hicieron. A partir de supuestas escuchas telefónicas, el fiscal sostiene que la presidenta y allegados fraguan un plan para desprender al Estado de Irán y a los principales acusados (actualmente funcionarios de ese país) del caso AMIA, a cambio de un supuesto mejoramiento del intercambio comercial, sobre todo de petróleo. La causa era en sí misma bastante inconsistente, no porque no existieran las escuchas (éstas todavía no salen a la luz y la causa sigue en marcha) sino porque se acusaba a Cristina Kirchner de hechos que nunca sucedieron, es más, lo que sucedió fue en el sentido opuesto (el comercio con Irán disminuyó en el último año).

Esta nota no pretende ahondar demasiado en la causa judicial y en sus inconsistencias, pero sí vamos a decir que frente a la gravedad institucional que esto generó, el Congreso de la Nación llamó a una audiencia para que el fiscal expresara, frente a los legisladores, los motivos y las pruebas que lo llevaban a promover una acusación contra la primer mandataria. Ante esta situación, los legisladores del oficialismo pidieron que la audiencia, en la que el fiscal iba a explicar el porqué de la acusación, fuera de carácter público, es decir transmitida por los medios de comunicación: tanto el fiscal como los legisladores opositores se opusieron a la transmisión. La audiencia nunca logró concretarse: el domingo en la madrugada, a horas de realizarse la audiencia, el Fiscal apareció muerto en su departamento.
Sin lugar a duda, primero es un hecho grave que se acuse a la presidenta, de igual forma, que lo es que, antes de que todos sepamos de qué se trata la acusación, un fiscal aparezca muerto. Hasta el momento, según lo difundido por los medios, todo indicaría que se trataría de un suicidio, sin embargo es difícil establecer conjeturas, y por esta razón la causa está caratulada como “muerte dudosa”; tendrán que pasar los días y avanzar la investigación para determinar finalmente que sucedió.
Ahora bien ¿Por qué se sucedieron a partir de la muerte del fiscal marchas acusando al gobierno de haber sido el autor de la muerte de su muerte? ¿Qué llevó a que ciudadanos, inclusive del Valle de Uco, marcharan en una supuesta defensa de la justicia? ¿Desde dónde se vierte el mensaje de impunidad e impotencia? ¿Es realmente tan tonto y tan corrupto este gobierno como para perpetrar un asesinato, aun sabiendo que la opinión pública inmediatamente condenaría el hecho?
Automáticamente se sucedieron los hechos, medios y dirigentes opositores al gobierno intentaron instalarlo como un asesinato; como las versiones giraron en otro sentido, se comenzaron a presentar dudas sobre lo ocurrido, y lo cierto es que a partir de estos mensajes se instaló la idea en parte de la ciudadanía e, inmediatamente aparecieron las manifestaciones contra el gobierno.
Debemos decirlo, los hechos son complejos, y no se pueden establecer conjeturas sobre lo ocurrido, y mucho menos lanzar afirmaciones; pero si de algo estamos seguro, es que desde el poder concentrado y mediático basta con solo instalar la duda, para que la opinión pública se manifieste.

Si un diario de llegada masiva lanza una encuesta que pregunta “¿creés que fue un suicidio o un asesinato?” está, por lo menos pecando de irresponsable, primero porque no es la ciudadanía quien lo debe establecer (es la investigación y la justicia quien debe hacerlo) y segundo porque está vertiendo un mensaje que no es el adecuado en una situación de tal gravedad. Peor aún, si un medio pregunta “¿creés que a partir de este hecho jueces y fiscales van a tener miedo de investigar la corrupción?” no solo está sosteniendo o estableciendo la potencialidad de un asesinato (cosa que, en este caso parecería que no lo es), sino que peligrosamente demoniza y culpa al sistema político (uno de los pilares del sistema democrático).

A partir de los lamentables hechos ocurridos en los últimos días, solo hay dos perjudicados: en primer lugar, la familia del fiscal que hoy llora a un ser querido, y en segundo lugar el gobierno, sobre el cual recaen todas las miradas, en tanto era la primera mandataria la acusada. Apelando a nuestro sentido más crítico (y pensante) ¿realmente creemos que puede ser tan corrupto y tan tonto un gobierno como para llevar adelante un hecho de tal magnitud, aun sabiendo que todas las miradas recaerían sobre él? Habrá que esperar que la justicia resuelva, pero al menos de algo sí podemos estar seguros: los medios concentrados de comunicación no han hecho otra cosa que apuntar a tomarnos por tontos, induciendo nuestros actos y guiando la opinión pública sin ningún tipo de sustento ni pruebas. Ojalá que quienes han participado de las marchas o sostienen posturas que acuerdan con los mensajes vertidos por los medios monopólicos, se tomen el tiempo para analizar objetivamente las cosas y no se sumen al absurdo de creer lo que nos quieren hacer creer.

Por Rodrigo Hinojosa

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