enero 12, 2026

El amor en tiempos de cólera: de moldes y necesidad y urgencia

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Una columna de literatura, y esta vez una columna de amor. En este texto la autora nos propone un recorrido donde las letras nos cuentan sobre este sentimiento. “Regalar palabras es un acto de amor”

Por Verónica Diez

Yo no te pido nada yo no te acepto nada.
Alcanza con que estés en el mundo
con que sepas que estoy en el mundo
con que seas me seas testigo juez y dios.
Si no para qué todo.

No me vengan con esa idea “contemporánea” de que el amor no existe, de que el amor es una pavada, los veo cantar zambitas dolorosas o algún tanguito, o incluso un viejo reguetón y hasta fruncir el ceño, como si en cada verso viviera un poco una espina. Sospecho que el amor importa y mucho, sino explíquenme por qué ningún autor escapa al tema.

Durante mucho tiempo estuve enamorada de Héctor (uno de los protagonistas de la Ilíada), el ideal de varón, valiente guerrero, leal, inteligente, sensible, amoroso por demás. ¡Guau! El hombre ideal o el mandato escrito y cantado sobre lo que se esperaba de un buen “masculino”. Frente a esa figura troyana está su hermano, Alejandro o Paris. Desordenado, vago, lujurioso y bastante cómodo. Sin embargo, Helena lo ama.

Por su parte, el Sr. Darcy (Orgullo y prejuicio de Jane Austen) perfectamente millonario e inteligente, y soltero. Listo para ser cazado y casado. Pero se enamora de una irreverente y rebelde, una lectora compulsiva con un padre que la adora y la escucha. Cosa rara en los siglos pasados, donde las mujeres éramos moneda de cambio.

La Literatura ha servido, también, para eso: para moldear ideales. El ideal de hombre y de mujer, el ideal de amor, el disciplinamiento, y lo imposible. Pero también para hablar de lo prohibido y de los secretos y es justito ahí donde me parece que se nos mueve la estantería.

¡Cuántas concepciones del amor hemos leído en la literatura universal!

Claro que tuvimos que pasar por todos estos ideales, para poder leer después a las /los que nos dijeron otras verdades en la ficción, en la poesía, en el canto o en el cine mismo.

El amor platónico, el amor a destiempo, el amor trágico, el amor sacrificado, el amor silencioso, el amor romántico, el amor imposible. Miles de formas han sido contadas, cantadas, dramatizadas y expresadas en los kilómetros de literatura escrita y oral que existe.

Aun así, escribir sobre el trillado “amor” no es fácil, sobre todo cuando lo que queremos es desarmar algunas concepciones clásicas, como la de “Romeo y Julieta” donde el amor no es posible y triunfa la muerte y la tragedia. Es un clásico, claro, pero ¿qué otras voces hablan del amor además de las que a veces encontramos navegando por las redes? Y ¿cómo hablan?

Texto aparte merece la liviandad de las redes sociales para abordar temas tan profundos e históricos como lo es el vínculo entre dos seres (o más), que se aman o se dejan de amar, me parece alarmante. “Soltá”, “Fluí”, “Sé intensa”, bueno… nada se le parece a la Pizarnik que nos dice “Tú eliges el lugar de la herida / en donde hablamos nuestro silencio. / Tú haces de mi vida / esta ceremonia demasiado pura” o bien a Pessoa que define “El amor es una compañía. /Ya no sé andar solo por los caminos / Porque ya no puedo andar solo /Un pensamiento visible me hace andar más de prisa /Y ver menos, y al mismo tiempo gustar de ir viendo todo /aun la ausencia de ella es una cosa que está conmigo.

El milagro

El amor existe, y a paso firme. El amor sostiene, y como dijo Facundo Cabral: “el amor no muere, solo cambia de lugar”.

Para Alejandro Dolina el amor es un milagro, es una extensión hacia la muerte también, hacia la muerte del yo. En las Crónicas del ángel Gris pueden leerse muchos relatos breves de amores que no llegan a ser, de amores efímeros y de amores cotidianos.

“El amor es una situación de perpetuo peligro, cuando uno ama, siempre corre riesgo de que dejen de amarlo. Entonces se vive en un estado de alarma y cuanto más se alarma, más enamorado está. Pero como nos sucede a todos los seres humanos, corremos el riesgo de perder ese amor. Ese es el momento -para todos los artistas- en el que canalizamos nuestros sufrimientos a través de alguna obra.

Pero, es ineludible, a pesar de todo siempre quedan fantasmas flotando. A veces sucede que uno sale de un amor grande y entra en uno enorme y después de salir de ese amor enorme no aparece ningún otro.

Eso sí, cuando se trata de recuperar lo perdido, la mejor receta es hacer nada. Así nomás; no ir a golpear puertas ni tirar piedras a la ventana a medianoche, ni colgarse del teléfono a la espera de una pequeña señal de vida. Si el lugar que me pusieron es el de muerto, pues debo morirme bien…

Porque de eso estoy más que seguro: cuando el amor se va… ¡No hay nada más parecido a la muerte!”

En la Literatura bien escrita, la única posible para mí, encuentro un descanso en el “no mandato”, en la infinidad de formas en que puede concebirse la idea del amor. Porque si algo sabemos a esta altura, es que las historias de amor perdieron esa linealidad construida y modeladora de muchas obras del pasado. Lo importante es que tratemos de no entrar en un nuevo molde, sino que vayamos cortando un poco con esta necesidad de “encajar”.

¿Y entonces?

Entre tus a brazos entre mis brazos entre las blandas sábanas entre la noche tiernos solos graves feroces entre la sombra entre las horas entre un antes y un después.

Entonces, aquí estamos, sumergidos en la complejidad y la profundidad que nos merecemos. Leer, implica elegir primero. ¿Quiero seguir enamorada de Héctor? ¿Quiero flashear una historia con el Sr. Darcy? ¿O quiero una historia de amor o un poema que me atraviese en mi realidad, que me interpele? Reconocer qué buscamos en la ficción, qué esperamos, qué respuestas o qué olvidamos es un buen criterio de selección.

A mí me vuelan la peluca las novelas o los poemas en los que el Amor (así con mayúscula) se cae, se reinventa, donde el amor no es como nos enseñaron. Me gusta la historia de espera en “El Amor en los tiempos del Cólera” (de García Márquez), me gusta el yo en reconstrucción del poema “Desarme” de Florencia Piedrabuena, me encanta el momento en el que la Cometierra se da cuenta de que le gusta el policía que la acompaña en la investigación, me enamora “El amante de la China del Norte” de Margarite Duras, adoro la historia de amor en la señorita Cora de Cortázar y me parece hermosa la idea del amor en “Un plástico transparente”, poema de Fabián Casas y sublime los poemas de Idea Vilariño que nos hablan de otras formas posibles de ser y estar con otros.

Y como siempre, hay muchísimas más pero no puedo extenderme más.

En estos tiempos, regalar palabras me parece un acto de amor, leerlas y saber recibirlas, también.

4 respuestas

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