Llega una segunda entrega de esta columna que nos invita a zambullirse en el mundo de la literatura, una gran propuesta para leer un domingo.
Por Verónica Diez
La columna de hoy nos invita a recorrer un tema muy repetido en la Literatura universal trazando caminos de lectura desde los clásicos hasta hoy.
Algo que siempre me ha gustado de leer literatura es la forma en que una conoce, o cree conocer, otras formas de ver el mundo, formas de tejer relaciones, vínculos, con otros, con los objetos y con lo que pasa o nos pasa.
Ya dije, en la columna anterior, que la diversidad literaria es tanta, los personajes y hechos infinitos. Imposible llegar a todo lo escrito, creo que esa fue la gran frustración de Borges, no poder leer todos los libros que se han escrito en la historia de la humanidad.
Para alcanzar a leer algo una opción es trazar caminos o mapas, pero esta vez de lecturas.
Vamos a empezar entonces por sugerir algunos trazos.
El infalible destino
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
El destino para los griegos era algo que estaba más allá de los Dioses, inalcanzable, intocable, imposible de romper. Los Dioses solo podían demorar un proceso, pero el destino no se podía torcer.
Tres son las Moiras tejedoras del destino, mujeres, invisibles, pero sumamente poderosas: Láquesis (la más joven y encargada de hilar el hilo de la vida), Cloto (la hermana encargada de medir el hilo y determinar la duración) y Átropos (la hermana mayor, la que corta el hilo de la vida). Cuenta la mitología que estas tres hermanas fueron siempre muy respetadas por Zeus, y que la decisión final era de ellas. Se las representó de diversas maneras y con diferentes objetos: una rueca de hilar, tijeras, una vara, posteriormente los romanos las llamarían “Las Parcas”.
Las tres hermanas representan la vida y el destino: un tejido de pasado, presente y futuro. Un símbolo precioso sobre lo que finalmente somos cada uno de nosotros.
Un sueño, un hijo, un destino
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.
Un sabio, o un sueño, o un oráculo anuncia la llegada de un hijo que causará una tragedia en una familia real, el patriarca de la familia decide deshacerse de ese hijo, pero el destino se entromete, ese niño no va a ser asesinado sino abandonado o bien entregado a otros cuidadores. Ese niño crece y el destino trágico se cumple.
Este hilo conductor aparece reiterado en la cultura griega, basta nombrar a Edipo Rey (quien mata a su padre y se casa con su madre) o al príncipe Paris de Troya (quien engañado por una manzana desata la guerra de Troya).
Los mitos que nombro tienen muchas lecturas posibles, a Edipo podemos leerlo de mil maneras: aparece el terreno del psicoanálisis, lo político, lo terrenal, lo divino, lo profundamente humano. Lo importante es saber que existen y claro, tratar de leerlos.
Este antepasado literario nos sirve para entender que Disney no creó nada, “Blancanieves y los siete enanitos” responde a una estructura extremadamente clásica, pero con tintes que merecerían otra columna.
En “Presagio de Carnaval” de Liliana Bodoc, maravillosa obra mendocina del 2009, se nos presenta otra cara de la tragedia referida al destino:
“Las tragedias se resuelven en ejemplos. Un tiempo y un espacio escuetos, cifrados, que acaban con una cabeza real ensartada en la pica de la virtud. Pero ¿es ejemplar una tragedia que enarbola en la lanza no la bendita cabeza de un monarca, sino la cabeza piojosa de un vendedor de yuyos? Este es el lugar en el que ocurrieron los hechos.”
Qué hermoso comienzo ¿no? Una obra que presagia, que adelanta el destino, el hilo de un yuyero boliviano viviendo en el norte argentino.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?
La lucha contra el destino:
Las tres Moiras han hilado, y ese hilo en la historia de la humanidad estuvo determinado por el origen de cada “personaje”, un rey, un héroe, un príncipe.
La Literatura actual y la del siglo XX da otras vueltas: politizan y batallan contra el destino de sus personajes, de su mundo posible, de lo que pasa, hay una especie de revelación contra esa idea de lo inevitable, en palabras de Puig “Un héroe es aquel que logra romper con todo y cambiar el destino.”
El ejemplo argentino podría ser Martín Fierro, pero también lo que este héroe gaucho despertó en escritores posteriores que escribieron otros destinos para él: Borges lo manda a matar en su cuento “El fin”, Martín Kohan lo envuelve en un romance con Cruz en el relato breve “El amor”.
También lucha contra su destino Matías Kovac, el protagonista de “Cómo desaparecer completamente”, novela breve de la premiada Mariana Enríquez, pero este escape tiene un baño de realidad post 2001… habrá que bucear en sus páginas.
Espero que estas líneas encuentren su destino, un lector o lectora con ganas de hilar nuevos destinos y otras formas de ver el mundo.






