Valle de Uco, Viernes 20 de Julio 2018
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mafalda y los medios 2Desde hace algunos años la Argentina convive con fines de año contrapuestos. Por un lado la situación aparentemente agobiante de la economía, y por el otro la masiva concurrencia de personas a los comercios para sus compras navideñas y el éxodo a centros vacacionales. Estos dos panoramas conviven plenamente, sin que nadie se alarme o se contraponga.

Hace tiempo leí en un diario que los argentinos reflejan casi una ciclotimia, algunas veces el optimismo aflora de manera casi espontánea y lujuriosa, y otras el pesimismo se encarna de manera tal que no hay peor lugar que la Argentina. Digo y no pretendo ser demasiado innovador en mi descubrimiento, pero en los últimos años el país ha pasado del caos supuesto, con saqueos (los últimos claramente organizados), devaluaciones veraniegas, la idea latente de una crisis económica, la inflación y el dólar por las nubes; a las fiestas y el aumento geométrico en las ventas, las plazas hoteleras desbordadas como consecuencia del turismo y al crecimiento claro de una economía en la que la crisis era letal cuando comenzamos el año tirados en alguna playa, el río o la pelopincho.

A mi modo de ver, la situación tiene que ver con una cultura argentina que necesita imperiosamente pasar del amor al odio, y viceversa, en pocos instantes. Se nos vuelve intolerable la vida si no participamos a manudo de algún hecho extraordinario, un hecho que seguramente es producto de una construcción histórica y alimentado perversamente por sectores con intereses contrapuestos al de las mayorías.

Días atrás apareció en Página 12 un artículo llamativo, en el mismo se mencionaban alrededor de diez pronósticos para fin de año que habían sido realizados por distintos economistas y políticos de renombre. Por mencionar algunos: una inflación de alrededor del 50%, aumento del desempleo, un dólar en 20$, saqueos, etc. Pronósticos claramente errados pero ampliamente difundidos, que no tienen ningún tipo de sustento pero que segura- mente recalan en la población y activan el chip argentino de fin de año, la crisis.

Ahora bien, ¿por qué me planteo esa situación? ¿Qué es lo que no debe con- fundirnos? Seguramente todos alma- cenamos alguna crisis vivida, por a o por b siempre la Argentina ha llegado a límites insostenibles y estallado en crisis. Eso, por cierto, no lo hace un hecho necesariamente repetible, no hay razón algún para que tengamos que repetir o caer nuevamente en situaciones de caos. Sin embargo, desde ciertos sectores se pretende instalar en la sociedad la posibilidad de que todo está en tres patas, a punto de quebrarse, y que no hay ningún tipo de salida salvo la receta que ellos proponen.

Instalan el caos y después vos te vas de vacaciones (merecidas por cierto), tu vecino que no se va usa esa plata para arreglar la casa, los regalos de Navidad y Reyes están todos, y la vida que en diciembre iba a ser caótica ahora es mansa y relajada. ¿Obra de las energías renovadas del año que comienza? Probablemente no, ciertamente es necesario reflexionar sobre lo que nos dicen que va a pasar y lo que realmente ha pasado. Bastará con eso para que la genética criolla de la indefectible necesidad de padecer se vaya pareciendo a sólo un cuento del pasado.

Por Rodrigo Hinojosa

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