Valle de Uco, Lunes 10 de Diciembre 2018
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libertad de expresion en las redesDifícil es escribir sobre libertad de expresión: tal vez, podríamos asegurar que (a partir de las nuevas tecnologías de la comunicación), en nuestros tiempos, la reina de las libertades es, la libertad de expresión.

Esto no es un acto de la naturaleza, sino más bien, es el resultado de la búsqueda y la lucha incansable de muchos que, hoy ya no están en este mundo; también, la construcción de años de democracia, con la efectivización de los derechos más humanos. Porque, podemos asegurar que a verdad de la historia, el verbo “decir” no ha sido siempre un hecho masivo, mucho menos con el goce y la posibilidad de la libertad. “Decir” ha estado regulado y restringido: gobiernos militares y una cultura instalada en torno al miedo han impedido durante muchos años que la libertad de expresión se ejerciera de manera plena.

No pretendo comprender en este escrito el rol de los medios de comunicación como empresas y mucho menos el rol del periodismo, como agentes “profesionales” de la comunicación. Tendríamos en ese caso, que extender una columna a libros de investigación y no creo que demos una respuesta certera sobre el trabajo periodístico, sus responsabilidades y la ética que corresponde a un agente “profesional” de la comunicación. Sí pretendo como ciudadano, reflexionar sobre la forma en la que, sin ser especialistas en comunicación, nos expresamos con respecto a ciertos temas; creo que necesariamente debemos repensarnos en torno a nuestros actos comunicativos.

Con desazón, creo que las posibilidades comunicativas que se imprimen a partir de los avances tecnológicos son desperdiciados en insultos, descalificaciones, argumentaciones falaces y mal gusto. Digo esto y no pretendo caer en ofensas, (pido disculpas de ante mano, si alguien que lee este escrito siente que se lo está nombrando de manera implícita). Pero cierto es que el avance en las tecnologías ha dado la posibilidad a quienes no la teníamos de poder expresarnos en torno a cualquier tema. A la cabeza de esto se encuentran las redes sociales y los diarios digitales: en estos dispositivos todos podemos expresarnos, decir lo que pensamos y obviamente confrontar cuando algo no nos resulta acertado o simplemente no acordamos.

Ahora bien, pasar de la opinión a la descalificación y posteriormente al insulto pareciera una línea difícil de delimitar. La impunidad que otorga el estar sentado frente a una computadora a kilómetros de distancia de quien ofendemos, o simplemente amparados en nombres ficticios pareciera darnos el poder de “decir” lo que se nos canta. Amparados seguramente en una supuesta “libertad de expresión” hacemos uso de la palabra cual programa de chimentos, sin filtro, sin respeto, sin freno.

Me pregunto ¿Medimos lo que decimos? ¿Sabremos que “decir” es una libertad que se ha ganado a fuerza de muchas muertes y, que la libertad implica necesariamente responsabilidad? ¿Cuándo emitimos mensajes, reflexionamos sobre la posibilidad de que otro y cientos (miles) pueden leerlo? ¿Sabremos que existe la posibilidad de que nuestros hijos lean lo que impunemente decimos? ¿Qué ejemplo emitimos cuando damos mensajes de este tipo? ¿Será esto libertad de expresión o un simple libertinaje de la expresión?

Hace unos días escribía cómo, impunemente, nos transformamos en morbosos repudiables al compartir el video de dos adolescentes. Seguramente muchos habremos reflexionado sobre el uso de las redes sociales y sobre el contenido que compartimos. Ahora debemos, necesariamente, replantearnos sobre lo que decimos en la soledad de nuestra computadora frente al mundo. La libertad de expresión, si bien es un derecho, también es un poder; y en frase del magnífico Peter Parker, “un gran poder, implica una gran responsabilidad”. Hagamos uso de nuestro poder de expresión de manera responsable, seria, defendiendo nuestras opiniones, pero asegurándonos siempre que nuestra libertad no sea solo un hecho más de libertinaje cibernético.

 Por Rodrigo Hinojosa

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