Nuevos datos de pobreza en Mendoza: según estudios propios de la provincia, es del 41,1%

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La gestión de Rodolfo Suarez conoció el resultado del estudio propio, luego del reclamo al Gobierno nacional, pero aún así siguen siendo elevadas.

Cuando en marzo pasado Nación dio a conocer el índice de pobreza para todo el país ubicándolo en 37 por ciento, pero para Mendoza del 44,6, en el gobierno de Rodolfo Suarez reaccionaron de inmediato aduciendo un posible error en la medición y prometieron hacer un estudio propio para verificar la veracidad de los datos. Ese trabajo se conoció ayer. Según los estudios propios de la provincia la pobreza es del 41,1. Descompuesto ese número, 35,7 corresponden a ciudadanos no indigentes y el 5,4 por ciento a indigentes. Es indigente quien no logra reunir lo mínimo necesario por día para poder alimentarse.

En Nación, dijo el INDEC en su momento, allá por marzo, el índice estaba reflejando una victoria sobre la pobreza respecto de la última medición disponible de 4,7 por ciento: de 42 se ubicaba en 37,3 por ciento. Pero para Mendoza se estaba manifestando un aumento de 0,6 por ciento: de 44 había saltado al 44,6. Pero con el estudio realizado por la administración de Suarez, al que denominan Encuesta de Condiciones de Vida, se refleja que incluso había una diferencia con Nación respecto del dato de pobreza previo, el de noviembre del 2020, el que mostró un 42,4 por ciento de pobres por sobre aquel del 44 del INDEC.

Ante de partir a Madrid junto a una comitiva de una decena de funcionarios, el presidente dijo que su gobierno nunca ocultó la pobreza, ni los datos del desempleo, en un acto que presidió junto al sindicalista Héctor Daer, de la Sanidad. “Nunca me hice el distraído”, vociferó Alberto Fernández, a lo que agregó que, como peronista, –que siempre lo fue, aclaró–, se ha hecho cargo de semejante flagelo. Tales dichos parecieron destinarse a Cristina Fernández de Kirchner, la vicepresidenta que lo había fustigado duramente el viernes desde el Chaco. Fernández de Kirchner, se sabe, ocultó los datos de la pobreza durante su gobierno echando a correr que había menos pobres que en Alemania. Eran épocas en las que la misma jefa del Ejecutivo había ordenado, entre otras cosas, un apagón informático con lo cual el Estado no difundía ni encuestas, ni índices económicos certeros. Por aquel tiempo la UCA con su observatorio social especularía con que la pobreza se encontraba por arriba del 35 por ciento.

Fernández, en el acto de este lunes, creyó ver la oportunidad de devolverle a su vicepresidente el golpe que le había asestado el viernes, en un costado doloroso, particularmente. El gobierno de Suarez, ayer también, cuando difundió su propio estudio sobre la pobreza de más de 3 puntos por debajo de lo que Nación había establecido para la provincia, festejó el resultado confirmando que sus sospechas sobre lo que había dicho Nación estaban justificadas.

Lo llamativo de todo, si es que a esta altura de las circunstancias argentinas y mendocinas permiten observar algo en ese sentido, es que ambos gobiernos se toman de micro victorias o de micro buenas noticias que no significan nada en el contexto general. La situación es tan mala, en términos objetivos y concretos, como en el plano de las sensaciones y emociones (en verdad, los primeros alimentan los segundos), que es probable que nadie repare en los dichos del presidente dirigidos a la vicepresidenta, como en los datos mendocinos respecto de los nacionales. Son tan altos los índices, malos y preocupantes, tanto los económicos como los sociales, que entre uno, dos o tres puntos no hay nada.

Visto de otro modo: ¿alivia tener dos o tres puntos menos de pobreza? Llevado todo al campo de la macroeconomía, por caso ¿deja tranquilo que el ministro Martín Guzmán, o el gobierno, diga que todos los indicadores han mejorado porque hay más actividad y quizás un poco más de empleo? Nada de lo que se está diciendo y afirmando mueve la aguja. Puede que estén marcando una dirección, algo parecido a un rumbo, pero todo es tan insignificante que cuando se divulgan tales datos, presentados muchas veces como logros extraordinarios, llevan consigo reacciones o resultados diferentes a los esperados.

El Gobierno dice contar con un plan al que le ha puesto un plazo de diez años para que comience a dar resultados. Un plan de crecimiento y desarrollo. Hoy se sabe, tras la caída de Portezuelo del Viento, que nada de lo pensado allí contaba con un financiamiento asegurado o resuelto. Allí está El Baqueano, el dique sobre el Diamante en San Rafael, el que estaría en condiciones de ser licitado el año próximo. Más demorado está el proyectado embalse Uspallata, arriba de Potrerillos. Esos recursos, más cerca de ser utilizados en otras obras, ahora pueden ser movilizados con la esperanza de reactivar la economía y salir a pelear con más armas y argumentos que los que se han desplegado hasta ahora, el desempleo y la pobreza.

Está claro que los errores estadísticos, cuando se devela, se ponen de manifiesto y se confrontan con los verdaderos, como el caso de los datos mendocinos respecto de Nación sobre pobreza, no cambian nadaEs posible que para la política sean importantes. No para el restopara los que en verdad la están pasando malPara ellos sólo sirven los hechos.

Al descontento generalizado es a lo que tiene que prestar atención el Gobierno. Las encuestas no revelan nada desconocido. Sólo están dando precisión. Se sabe que cuando a nivel nacional no hay respuestas, hay que buscarlas dentro. Hay una parte de la oposición que muestra racionalidad y está buscando señales de parte del Gobierno. Las soluciones, en conjunto, o diseñadas con la mayor cantidad de sectores involucrados, tiene que aparecer rápido y ponerse en práctica porque el tiempo se ha acabado.

Fuente: El Sol

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