Valle de Uco, Lunes 24 de Septiembre 2018
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Por Marcela Hinojosa

He visto y escuchado nuevamente el himno en versión federal, una interpretación de orquestas y coros infantiles y juveniles, con voces y caras de chicos de todo el país. No he podido dejar de llorar, de emoción y tristeza. La emoción de ver en pocos minutos todo lo que somos: la hermosura de paisajes distintos y profundos, la belleza de rostros maravillosamente diferentes, la grandeza de hermanarnos en una canción, la potencia de jóvenes y niños que, con un simple instrumento o con su voz cambian el mundo, a partir de que alguien les puso atención y les permitió expresarse. Junto a la emoción, como dije, sentí la tristeza, también profunda y fría. Minutos antes de esta versión del himno, vi una foto de la Plaza de Mayo: vallada y triste. La Plaza que en 1.810 comenzó a gestar la Patria, y que justamente hoy, debiera conmemorar ese día.

Este 25 de mayo se parece más al del Centenario de la Revolución (1.910), cuando gobernaba la élite conservadora (fortaleciendo las relaciones con Europa y EE.UU), que al Bicentenario, más reciente, cuando gobernaba un populismo de planes y choripanes, y donde florecieron las orquestas infantiles y las computadoras buscando conectar en igualdad. Creo, sinceramente que, si Mariano Moreno (el gran ideólogo de la Revolución y uno de los pioneros de la independencia) hoy estuviera presente, también lloraría de emoción y tristeza al escuchar el himno nacional interpretado por chicos y chicas de todo el país, mientras por otro lado, se observa que el gobierno no solo vacía de sentido los conceptos de Patria, de Libertad, y de Independencia, sino que también pregona y promueve la dependencia monetaria y política de nuestro país, como si fuese una hazaña. Nadie sabe si las orquestas infantiles y juveniles continuarán… lo más probable es que desaparezcan por decreto o por vaciamiento, como van desapareciendo de a poco las políticas públicas que atienden a la mayoría, en contraposición, de la prodigalidad de las medidas que alegran a los pocos poderosos de afuera y de adentro.

Mientras por la ventana veo los preparativos para el desfile en el pueblo, reflexiono sobre algunos hechos que enmarcan este 25 de mayo, hechos que seguramente condicionarán la vida de muchos de estos chicos, que hoy, alegres y relucientes participan del desfile, celebrando el aniversario de la Patria. Hoy, aunque el gobierno de elite lo niegue, las cifras de los despidos ya rondan los 200 mil: no solo son “ñoquis” estatales, muchas pymes y también grandes empresas están reduciendo su personal, dejando a miles de familias con la perspectiva de la pobreza y la indigencia enfrente. La reducción de organismos y planes del Estado, tales como Renatea, agricultura familiar, Conectar Igualdad, Fines, entre muchos otros, ha dejado a miles de trabajadores en la calle. En simultáneo, también cientos de empresas reducen su personal, o se enfrentan a un inminente cierre, a partir de las “necesarias” medidas que el gobierno ha llevado adelante (devaluación, apertura de importaciones, quita de subsidios, entre otros).

En los últimos días, en diferentes lugares de todo el país, comenzaron a llegar las facturas de gas y electricidad. Las quitas de los subsidios, entre otras medidas de “sinceramiento” (eufemismo que ha acuñado el gobierno para nombrar los tarifazos y la inflación) han derivado en que miles de familias deberán decidir entre comer más o menos bien (o comer), o pagar las boletas, o que las empresas tengan que elegir entre seguir trabajando o despedir más gente. Tal vez el aumento exorbitante del gas y la electricidad sea, entre las medidas del gobierno, una de las menos dañina, y no por la gravedad de las consecuencias, sino básicamente, porque sus efectos son tan inmediatos que, de no dar marcha atrás o aplicar algunos paliativos, habrá una paralizacion del país o un levantamiento colectivo.

Hay otras acciones que resultan tal vez menos observables en la cotidianeidad, y que, lamentablemente tendrán consecuencias tan severas que, probablemente hagan falta muchas décadas para deshacerlas, si es que alguna vez se logra volver atrás. Una de ellas es el endeudamiento que llevan adelante el gobierno nacional y varios gobiernos provinciales (entre esos Mendoza): no solo hipotecamos los recursos nacionales que son garantía de empréstitos, también encadenamos varias generaciones a depender y a obedecer a los organismos que prestan plata. Entonces, en los próximos años, escucharemos, como ya lo hemos hecho, frases tales como “el FMI pidió un ajuste”… “hay que reducir el gasto”… “tenemos que hacer un esfuerzo”… etc. etc. Lo peor de todo, es que con esas frases irá aumentando la pobreza, se reducirá lo invertido en salud y educación pública (si es que sigue habiendo salud y educación pública), aumentará el desempleo, bajarán los sueldos y jubilaciones, etc.

Además de los despidos, la suba de tarifas y el endeudamiento hay muchas otras medidas que condicionarán nuestra vida en los próximos meses, y posiblemente en los próximos años. La seguridad, las garantías constitucionales, la soberanía, la cultura, la comunicación, las relaciones, y hasta la identidad nacional, todo se verá trastocado en estos tiempos. Algunas cosas se darán de manera grotesca y traumática, por lo que posiblemente produzcan un rechazo y un retroceso, pero otras serán más sutiles, o serán invisibilizadas por los medios de (in)comunicación. Decir que importamos gas de Chile casi un 130 por ciento más caro que el que le comprábamos a Bolivia, o que el parque temático de Zamba (el dibujo animado protagonizado por un niño santiagueño) en Tecnópolis será reemplazado por un “parque medieval europeo”, o que Tierra del Fuego no será más noticia por el ensamblaje de electrónicos, sino porque Estados Unidos está instalando una base militar, no son hechos aislados o noticias de los medios y periodistas k, son parte de una realidad que se inició hace 6 meses.

Muchos votaron el cambio, pero no para estar peor, sino porque pensaron que iban a estar mejor. La verdad es que hubo un engaño en la campaña, que la mayoría eligió creer. Pero hoy, todos nos damos cuenta que el gobierno del cambio, solo apunta a lo que tradicionalmente han apuntado los gobiernos de elite, de oligarquías: a enriquecer más a los ricos, mientras empobrecen a las clases trabajadoras, en un plan de disciplinamiento y de incremento de ese “ejército de reserva” de mano de obra cada vez más barata.

En este 25 la revolución de la alegría quiso robarnos la fiesta. Sí, la Plaza de Mayo, fue vallada para que nadie pretendiera repetir lo de 1.810 o lo de 2.010. Sin embargo, las plazas y calles departamentales del Valle de Uco festejaron el día de la Patria, con sol de mayo y sin “la grieta” tan famosa de los medios. Y esa tal vez, sea la nueva revolución que necesitamos: mirarnos entre nosotros, saber que somos iguales, amigos, vecinos, compañeros. Unos con un poco más, otros con menos, pero iguales al fin. Diferenciados sí, de aquellos que se llevan el fruto de nuestro trabajo a los paraísos fiscales, de aquellos que simulan trabajar para el bien público cuando en realidad solo buscan su propio interés o el de las multinacionales a las que pertenecen.

Ya en el atardecer de este 25 de mayo escuche el himno cantado por los chicos y chicas de todo el país. Y piense en su comunidad, en nuestra comunidad, en la necesidad de unirnos para hacer frente a lo que venga. Si es bueno, bienvenido sea, pero si no es así, si lo que viene (como supone quien escribe esta columna) es triste y difícil, lo más importante es entender que hay que defender la olla y los derechos todos juntos. Y serán las plazas nuestras testigos. Y nuestros políticos (del color que sean) deberán ser quienes primero defiendan a sus comunidades, sin importar decretos y voluntades supremas Rosadas. En estos días, dos botones de muestra: la celebración del 25 y el rechazo oficial de dos intendentes al aumento tarifario y sus consecuencias regionales. Ese es el camino. Y debemos andarlo todos juntos.

 

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