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Lo atribuyen al aumento de la maternidad adolescente y tardía; un proyecto encabezado por el Cemic intenta desarrollar un test para pronosticar qué mujeres están en riesgo.

Con una gestación de 25 semanas y media, Sandra Di Lucca llegó a la clínica a las cinco de la mañana pensando que el malestar que sentía sería algo pasajero. “A las siete me dijeron que Vittorio ya iba a nacer -recuerda-. Pesó 940 gramos (el peso normal va de los 2500 a los 4300 gramos). Enseguida se lo llevaron, todo envuelto en nylon. Estuvo 58 días en el respirador. Le dieron el alta a los cinco meses. A los nueve, nos dimos cuenta de que no movía un brazo y trabajamos con una maestra Montessori para hacerle estimulación temprana. Lo tuvimos dos años aislado, solo tenía contacto con la familia”.

Hoy, a los once, Vittorio es un chico feliz y no tiene ninguna secuela, pero los nacimientos pretérmino constituyen un creciente problema de salud pública. Según datos de un trabajo publicado en 2017 en Archivos Argentinos de Pediatría, en los 10 años precedentes, el número de estos eventos aumentó un 19,1% y las defunciones neonatales de nacidos pretérmino crecieron un 16,5%. Para el sanitarista Rubén Torres, rector de la Universidad Isalud, “en un importante número de casos, el parto prematuro está relacionado con la edad de la madre. Como está creciendo la natalidad de las menores de 20 años y en otras mujeres se retrasa, es dable esperar que los casos aumenten, así como los recién nacidos de bajo peso. Es un problema fuertemente influido por condicionantes sociales”.

El Centro de Estudios Fetoneonatales de la Sociedad Argentina de Pediatría estima que en el país la prevalencia de prematurez (menos de 37 semanas de gestación) es del 8%, y los recién nacidos con menos de 1500 gramos constituyen el 1,2% de los 700.000 nacimientos anuales o alrededor de 8400.

En el mundo, la prematurez es la primera causa de mortalidad en los menores de cinco años, y aunque en la actualidad sobreviven muchos que hace 20 años no tenían posibilidades, los complejos cuidados que requieren no se encuentran disponibles en todas las unidades perinatales. Muchos pueden padecer alguna discapacidad, frecuentemente relacionada con el aprendizaje o con problemas sensoriales.

Para atacar este problema todavía imprevisible, un equipo del Cemic -en colaboración con el Estudio Colaborativo Latinoamericano de Malformaciones Congénitas (Eclamc), la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes de Tucumán (donde la tasa de prematurez es del 10,5%) y la Universidad de Iowa- lanzó un proyecto de investigación que intentará desarrollar un test prenatal para predecir qué madres tendrán un parto prematuro.

“No hay ninguna forma de pronosticarlo ni ningún medicamento que, una vez iniciado, permita frenarlo -afirma Enrique Gadow, del Laboratorio de Epidemiología Genética del Cemic-. A tal punto que Bill Gates incluyó entre los 10 inventos que pueden cambiar el mundo cualquier test que permita saber qué mujeres darán a luz demasiado pronto”.

Genes y medio ambiente

El proyecto, que financia el Conicet y en el que intervienen varias unidades ejecutoras e investigadores de distintas disciplinas, se apoya en el trabajo de varios años. “Nosotros venimos buscando genes asociados con el riesgo de prematurez no solo del embrión, sino también de la madre y de los abuelos maternos -explica Fernando Poletta, también miembro del Eclamc-. Pero ahora, además, estamos interesados en describir un perfil metabolómico [de sustancias producidas durante el metabolismo] que sumado a las variables sociodemográficas tal vez arroje pistas de cuáles son los elementos que lo disparan y cómo frenarlo”.

Una de las mayores dificultades para lograrlo es que, según subrayan los científicos, hay muchísimas vías involucradas en el parto prematuro, ya que se trata de un cuadro multifactorial.

“Muchas veces es difícil separar el efecto de los genes de otros factores ambientales -aclara Poletta-. Precisamente, estos estudios tratarán de valorar la importancia de cada uno para elaborar una herramienta predictiva”.

“Cuando se analiza este problema, hay elementos que son comunes en todos los niveles de atención: uno tiene que ver con la edad gestacional: tanto el embarazo adolescente como la postergación de la maternidad trajeron un aumento de la prematurez -coincide Zulma Ortiz, exministra de Salud de la provincia de Buenos Aires-. Después, están los estilos de vida (consumo de tabaco, alcohol, obesidad, sedentarismo). Una herramienta del tipo que están pensando sería valiosísima. Mientras tanto, es clave que las madres tengan por lo menos cuatro controles prenatales que permitan identificar señales de alto riesgo. Una vez que llega el bebé, no es lo mismo uno de 35 semanas que uno de 28. Es importante contar con programas de seguimiento, una prioridad de política sanitaria. En la Argentina, hay algunas provincias que los tienen y otras que no. Eso es una inequidad contra la que tenemos que luchar para que no exista, porque un bebé que nace prematuramente tiene que ser seguido hasta los seis años y estar asistido y acompañado por el Estado”.

Gestación inconclusa

La llegada anticipada de un bebé pone a prueba a la familia y al sistema de salud. El recién nacido deberá continuar su desarrollo fuera del útero, y en el proceso enfrentará múltiples dificultades que pueden dejar secuelas. Después del alta, se necesitan la visita de una asistente social o la ayuda de una puericultora para la estimulación precoz. En el país, estos servicios no están garantizados en todas las provincias, así como tampoco la posibilidad de consultar sin dilación con un oftalmólogo o un otorrinolaringólogo.

Fuente: Diario La Nación

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