Valle de Uco, Sábado 22 de Septiembre 2018
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Ayer Justicia entrerriana condenó a Nahir Galarza a prisión perpetua por el crimen de Fernando Pastorizzo realizado en diciembre de 2017. La joven recibió la pena máxima que contempla el código penal, y deja al descubierto la enorme asimetría con la cual la justicia y los medios de comunicación analizan los crímenes de género. 

Este mediodía se conoció la sentencia contra Nahir Galarza de 19 años, acusada de matar a su novio Fernando Pastorizzo. La joven fue penada a prisión perpetua ya que el tribunal consideró que Nahir y Fernando eran novios, por lo tanto los unía una relación y también que los disparos efectuados por Galarza fueron voluntarios.

Mas allá del resultado del juicio, el tratamiento dado por la justicia y los medios de comunicación, dejan en evidencia la asimetría con la que ambos analizan los crímenes de género.

Justicia patriarcal

La celeridad en la actuación de la justicia, que luego de 6 meses resuelve condenar a Nahir, resulta novedosa sobre todo por la experiencia acumulada en los crímenes hacia las mujeres, donde el derrotero judicial se extiende en el tiempo, incluso muchas veces volviendo los casos a foja cero. Penar a los femicidas de Natalia Melman lleva 17 años de procesos judiciales.

Sin dudas, el caso es novedoso puesto que estamos acostumbrados a que la víctima sea siempre una mujer, pero cuando para la justicia no quedan dudas que ella es la victimaria, no hay atenuantes que reduzcan las penas: no hay sentimientos de celos, de amor, de posesión. Si es mujer la victimaria, es una asesina a sangre fría y se construye sobre ella todo un ideario a corde a un perfil psicológico capaz de terminar con la vida de una persona. Sin embargo, muchas veces si el victimario es un varón aparecen los atenuantes que llevan a ese hombre a cometer el crimen: la mató porque la amaba, porque la celaba, porque lo iba a dejar, porque lo engañaba.

En la sociedad actual los varones están “programados para la guerra” y las mujeres “para la vida”dice la antropóloga Rita Segato “las mujeres matan muchísimo menos que lo que mueren asesinadas”. Ese rol que socialmente no es dado a las mujeres, contradice con la imágen de la mujer matadora, por lo tanto cuando esos casos irrumpen en la escena social son doblemente penadas, puesto que la mujer matadora rompe con un rol social: el de dadora de vida.

El ojo distorsionador de los medios de comunicación

La maquinaria mediática espectaculariza la violencia y la transforma en una mercancía. El show mediático se pone en funcionamiento cada vez que una mujer es asesinada, o cuando como sucede en el caso de Nahir Galarza es la victimaria. El objetivo en ambos caso es uno: reducir la empatía social que logre anestesiar los efectos de la violencia, cada vez que miramos la realidad a través de “la lente” de los medios hegemónicos de comunicación.

Si la mujer resulta asesinada, no se escatiman detalles en hurgar en su intimidad, incluso en dar precisiones de como fue asesinada, cuales fueron los sometimientos y rapiña que se aplicaron sobre sus cuerpos. No hay reparos en titular con palabras como empalamientos, violaciones, descuartizamientos etc.

Si resulta la victimaria, también el ojo mediático se posa sobre ella, y construye un perfil de mujer fría y asesina, despojada de toda su femeneidad de “naturaleza amorosa”. Sin embargo pocas veces trascienden detalles sobre la vida de los femicidas con tanta profundidad, incluso sus imágenes son protegidas al salir de los tribunales, en cambio a Nahir jamás le cubrieron el rostro.

“Nadie menos” como la contracara del femicidio

El concepto de femicidio pone en énfasis en el porque somos asesinadas las mujeres y quienes son los victimarios, porque en sociedades patriarcales hay una discriminación de género. Si utilizáramos la palabra homicidio de mujeres no veríamos reflejada la impunidad. Por lo tanto cuando decimos femicidio se dice quien es la “sujeta matable” y porque ha sido asesinada.

Es verdad que los hombres mueren asesinados, pero tambien es cierto que ellos matan mas. La particularidad de las agresiones letales contra las mujeres es que ellas mueren mucho mas que lo que matan. Es absolutamente desproporcional la victimización de las mujeres, con relación a lo que ellas victimizan.

En los casos donde las víctimas son las mujeres hay un absoluta impunidad, donde hay cierta participación del estado, desde el punto de vista de no promover el castigo a este tipo de violencias letales contra ellas. Muchas veces esas mujeres habian denunciado reiteradas veces a sus agresores, o tenían una medida cautelar y aún asi son atacadas y asesinadas.

En el caso de los crímenes contra las mujeres, Rita Segato plantea que existe un problema, ya que todavía son vistos como crímenes del fuero íntimo, crimines de la intimidad, o sea relacionado a las emociones, a los sentimientos. La categoría que se ha generalizado mucho es el crimen de odio, sin embargo esta categoría es monocausal y esta referida a un ímpetu emotivo de los hombres, lo cual no quiere decir que no es que no exista ese impetu, pero debemos entenderla políticamente: es decir como crímenes vinculados al poder.

“La mujer con su muerte, con la rapiña sobre su cuerpo, con varias formas de maltrato y apropiación que sufre, sustenta un sistema. Y ese sistema es económico político y social. Al empujarlos a la intimidad el estado se desentiende. El sentido común, la conciencia colectica no ha dejado de percibir los crímenes de las mujeres como crímenes que tienen que ver con la vida privada de las personas” agrega Segato.

Por lo tanto, que haya un caso donde la mujer se transforme en la victimaria, no equipara al problema del femicidio como síntoma social. Femicidio no es la contracara del Nadie Menos, debemos entenderlo como una categoría política que pone luz sobre el sentido de las muertes de las mujeres a mano de sus parejas, un sentido social, político y económico que escapa del fuero intimo, porque son un síntoma de la epoca, un síntoma de la situación actual de acumulación capitalista.

Fuente: ANRed

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