A sus 88 años, Guelfo Londei presentó su libro en Tupungato y fue distinguido por su aporte a la cultura local

Presentación libro de Guelfo Londei _Lágrimas y Sonrisas, historias de un inmigrante_ Tgto2
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El oriundo de Italia escribió “Lágrimas y sonrisas, historia de un inmigrante”.

“La vida se escribe con hechos alegres a veces tristes, pero siempre nos dejan una enseñanza que ayuda a seguir caminando. En nuestras manos, está pararse frente a la adversidad y continuar o quedarse inmerso en ella” reza la contratapa del libro de Guelfo, el primero escrito por un inmigrante en la historia de Tupungato, que relata su transcurrir en la tierra que lo vio nacer y partir a nuevos rumbos.

Luego de 70 años de haber pisado Argentina, don Londei presentó oficialmente ayer la obra de su vida en Europa, más precisamente en Cesano localidad de Senigallia, en Ancona Italia.

En palabras mezcladas entre su lenguaje natal y castellano, cuenta su niñez y adolescencia logrando transportar al lector a aquella realidad de la que él es vocero hoy y que como bien sabe expresarlo viajó entre `lágrimas y sonrisas´.

La presentación -otro hecho que sumará, sin lugar a dudas, a su biografía- se celebró este jueves en el Centro Regional Universitario Tupungato, en presencia de familiares, autoridades y grandes amigos testigos de su acontecer en el departamento.

Susana Santoni, autora del prólogo y escritora-poeta departamental, lo acompañó en el proceso de reconstrucción y organización cronológica de los hechos, y entre tantos recuerda que un día Guelfo junto a su esposa Dora, la sorprendieron en su casa con una cajita donde guardaba sus tesoros: retazos de hojas escritas, cuadernos, recuerdos y momentos imborrables, que fueron el material para iniciar esta aventura literaria que ya había intentado iniciar en las manos de él mismo, pero que en ocasiones se le dificultaba armar.

Entre las perlitas, Susana comentó entre risas al público que un día Guelfo estaba en la mesa de la cocina de su casa, cerca a la ventana, intentando rearmar y ordenar sus memorias en papel, y como en una película, una ráfaga de viento entró con fuerza y desarmó todo su trabajo.

Por otra parte, durante la ceremonia Guelfo Londei fue distinguido por el intendente Gustavo Soto en nombre de todos los tupungatinos, quienes reconocen que esta tierra ha sido sembrada tanto desde la cultura del trabajo, como desde las costumbres de aquellos hombres y mujeres que llegaron el siglo pasado en busca de una esperanza y encontraron un lugar que los cobijó y les dio la oportunidad de forjar un futuro mejor. “Para mí es doblemente satisfactorio y emocionante, una por la amistad que me une, gracias a Dios, desde hace muchos años con esta gran persona que es Guelfo Londei y con su familia; y digo doblemente porque también me hace acordar de mi padre y de muchos padres de amigos que también vinieron después de la posguerra, allá por los 50. Para uno esto tiene cuestiones más allá de lo formal de mi investidura como Intendente y de lo bueno que es hacerles homenajes en vida a la gente, porque esto no es un homenaje es un reconocimiento a un trabajo que él ha hecho de sus vivencias, sus experiencias, así que la verdad emocionado y agradecido por tener esta oportunidad de que me toque como Intendente poder hacer este reconocimiento”.

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El autor en la presentación también recibió una grata sorpresa cuando su sobrino Juan Carlos Balestra, junto a su profesor Fernando Ballesteros (Primer Tenor egresado de la Facultad de Artes de la UNCuyo, que ha hecho presentaciones en los escenarios más importantes de Argentina, también de Perú, Ecuador, Texas, New York, entre otros) interpretaron en forma de regalo canciones italianas que tocaron hasta lo profundo de su corazón.

En su libro nos cuenta cómo era el pequeño Guelfo, su encantamiento por el mar y su infinitud, recuerda el periodo de escolaridad, su cotidianeidad al lado de la familia y amigos, el devenir de la Segunda Guerra Mundial con todos sus trágicos momentos, estruendos, huidas y pérdidas; el reconstruir de un nuevo presente, su sueño de convertirse en motorista naval, y luego la difícil tarea de tomar decisiones irreversibles y afrontarlas aun sabiendo que sus sueños quedarían atrás para emprender a un continente desconocido. Pero sobre todo, lo enriquecedor de su relato es la transparencia y el valor que le da a cada acontecimiento que atravesó por más duro que haya sido, porque asegura que eso es lo que le permitió aprender a vivir la cruda vida y sus lecciones.

Con sus jóvenes 18 años llegó a Tupungato y los días venideros lo continuaron desafiando, pero también fortaleciendo. Fue conquistando nuevas victorias, pero también dejando raíces de su historia con la llegada de sus hijos Osvaldo y Gladys y con ellos sus amados nietos y bisnietos.

Io hace un mes por lo menos, o más que estoy esperando esta oportunidad, gracias a la Municipalidad que me ha dado entrada pa’ pode contarle y decirle a la gente que esto fue mi vida, a partir del día que pisé la Argentina” y se animó a pedirle a quienes dejaron su tierra para asentarse en esta hermosa localidad, que cuenten su historia, el viaje de su vida porque eso es gran parte de la identidad de Tupungato y es derecho de las nuevas generaciones conocer sus raíces.

El autor también hizo una donación de ejemplares para la Biblioteca Municipal Grl. San Martín, dando la oportunidad a toda la comunidad de conocer su vida y que esta perdure y sea conocida por todos. Asimismo, regaló su libro a los presentes, autografiados por él con una dedicatoria: “¡Nunca dejes de soñar! La vida puede ser muy difícil, pero al final tiene una hermosa recompensa”.

“La verdad que es un placer poder leer una historia de vida, que seguramente se va a ver reflejada también en un montón de inmigrantes que llegaron a nuestro departamento y pasaron por situaciones similares” expresó la directora de Gestión Mónica Benítez, quien celebró y agradeció la donación a la Biblioteca.  

Biografía de su libro

Nuestro padre Guelfo Londei nació en Ancona, Italia el 10 de octubre de 1932. Vivía en Senigallia a pocos metros del mar, cosa que él amaba. Disfrutaba nadar, hacer competencias de natación con sus amigos y ver perderse los barcos en el horizonte. Terminó sus estudios en la escuela para luego inscribirse en la carrera de Motorista Naval. En las vacaciones ayudaba a sus padres a sacar arena del mar que comercializaban para el sustento diario.

Un día nuestra abuela Elvira recibe noticias de sus hermanas que vivían en Argentina, país prometedor en ese entonces de trabajo. Allí ve la posibilidad de un nuevo comienzo y por fin, escapar de la tormentosa realidad de la Segunda Guerra Mundial. Entusiasmada trata de convencer a su familia.

Guelfo recién terminaba sus estudios, recibió el título de Aviamiento Profesional de tipo comercial y tenía muchos planes y deseos de progresar para sacar a su familia de la pobreza y necesidades. Con mucho dolor de dejar su país, todos sus proyectos, familiares y amigos deciden aceptar la propuesta de emigrar a la Argentina junto a su madre y hermana Cesarina.

Esta fue una decisión muy triste e importante para él, sin embargo, la responsabilidad estaba en sus manos y el futuro de su familia también. Si bien su padre Giusseppe no pudo viajar junto a ellos por problemas de salud, lo hizo meses después y se reencontraron en el país de destino.

Luego de un largo viaje en barco, el día 10 de diciembre de 1950 desembarcaron en Buenos Aires y luego en el tren “ZONDA” llegaron a Mendoza.

En busca de nuevos sueños y esperanza de trabajo llegan al distrito de “El Peral”. Allí lo esperaba la familia Giuliani con un contrato de viña.

Guelfo, se enfrenta a varios desafíos: el idioma, las costumbres y todo lo desconocido, sólo tenía un puñado de tíos y primos que ya vivían en el lugar.

Como era de esperarse fueron tiempos difíciles de mucho trabajo y aprendizaje. Sin embargo la vida ya tenía sus planes y recompensa para Guelfo. Dos años más tarde, un día como todos, trabajando en la cosecha, conoce a una hermosa mujer Dora Amelia Ruggeri, quien sería su esposa, un tiempo después y de esa unión nacimos Gladys y Osvaldo. Luego de mucho esfuerzo y con el fruto de su trabajo consigue al fin que su vida comience a encaminarse para formar lo que hoy en día es su hermosa familia.

Hoy Guelfo y Dora tienen una gran familia formada por nosotros, sus hijos, nietos y bisnietos que domingo a domingo nos reunimos en una gran mesa.

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