En momentos tan críticos y difíciles, lo que menos queremos ver y escuchar son peleas de polí[email protected]

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Por Abi Romo

Que si las vacunas sí, que si las vacunas no, que la carne, que el proyecto de zonas frías, que el Gobierno, que la oposición, que Alberto, que Cristina, que Muricio, que Cornejo, que Sagasti, que Suarez, que los chorros, que los globos, y así, un sinfín de palabras, de frases, de peleas que, básicamente, sólo le importan a quienes ocupan cargos, sí, solo a [email protected], porque la gente tiene un sola preocupación: la de sobrevivir.

Resistir al virus, a los sobreprecios, al crudo invierno, y también, a peleas feroces en las redes sociales, en los medios de comunicación, entre representantes políticos, se ha vuelto prácticamente una rutina diaria para las y los habitantes de nuestro país.

Es desgastante, créanme. Soy militante política, pero del territorio, y cuando hablo con las personas, en su gran mayoría expresan su cansancio, y es en esos momentos en donde me pregunto y vuelvo a preguntar, “por qué no podemos empatizar, por qué gastamos tanto tiempo en peleas estúpidas, por qué no entendemos el momento histórico y nos ponemos a trabajar mancomunadamente para salir de esta”.

Y no, no estoy subestimado la discusión política, al contrario, pero los debates deben darse donde corresponden, y tienen que ser constructivos, porque si no, ¿para qué sirven? ¿De qué sirve hacerle llegar a Marta, a Raúl, el posteo lleno de odio y agravio hacía un contrincante? ¿De qué sirven tantas descalificaciones? ¿De qué sirve echarnos tantas culpas? La gente se está muriendo, y eso debería ser más que un motivo para entender que no podemos darnos el lujo de estar meta “tiki tiki” con el celular pegándole a los demás. Necesitamos repensar la forma de hacer política.

Y repensar la forma de hacer política tiene que ver con eso, con dejar atrás esas viejas prácticas, porque sí, son viejas, son arcaicas, no sirven. Repensar la forma de hacer política es comprender, abierta y sanamente, que hay otras y otros que piensan distinto, pero que en esa diversidad de ideas pueden haber consensos que sin dudas llevarán a buen puerto. Repensar la forma de hacer política es, más que nada, saber que hay que volver a estar al lado de la gente, escuchándola y atendiendo sus problemáticas. Y repensar la forma de hacer política también es volver a respetarnos, aunque no coincidamos.

Espero, de corazón, que dejemos de lado Twitter, la red social más sangrienta donde se desdibuja, entre medio de tanta rosca y palabrerío, todo lo bueno que se hace; espero que veamos el enorme sufrimiento que nuestras vecinas y vecinos están padeciendo y nos esforcemos más que nunca por ayudar y facilitarle la enorme tarea que el Estado tiene por delante: ganarle la batalla al coronavirus. Con solidaridad y sin violencia, principalmente, vamos a salir adelante.

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