Nahuel Jofré estrena nuevo video: le pone voz a Tormo, poema dedicado a Antonio Tormo

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Las estrofas de la poesía son musicalizadas por Polo Martí.
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El clip se podrá ver desde esta noche por YouTube.

En el Día de la Tradición, Nahuel Jofré estrena un nuevo video. El cantautor sancarlino le pone voz a Tormo, un poema que escribió Jorge Marziali para Antonio Tormo, famoso folclorista mendocino de renombre nacional.

Las estrofas de la poesía son musicalizadas por Polo Martí. El video se estrenará este viernes a las 21 por Youtube.

Anotnio Tormo, apodado Cantor de los Cabecitas, integró, en la década de 1930, La Tropilla de Huachi Pampa, uno de los primeros en tener éxito masivo, donde cantaba a dúo con Diego Canales. Con los Huachi Pampa cantó en El fogón de los arrieros, el primer programa radial de música folklórica de alcance nacional. En 1950 grabó el simple “El rancho ‘e la Cambicha” que se convirtió en el mayor éxito de la historia musical de la Argentina, vendiendo 5 millones de unidades. En 1955 fue prohibido por la dictadura militar autodenominada Revolución Libertadora.

“Tormo; según el diccionario: ‘Terrón de Tierra’. Es un sentido homenaje a los cantores populares con la pluma y la memoria de Jorge Marziali para el “grillo” que con su “voz finita y mañanera” sonorizara su infancia e hiciera bailar a su madre; en su barrio: San José”, comentó Nahuel en sus redes.

Jorge Marziali, compositor, poeta y juglar mendocino, recorrió diversos caminos con su música trascendiendo las fronteras nacionales, con un sello propio, recurriendo al rescate de estilos como la refalosa, la polca y la cueca.

“En esta nueva efemérides del día de la tradición, nuestra propositiva manera de vivirla es mediante la invitación a conectarse este jueves 10 de noviembre a las 21hs”, cerró el cantante sancarlino.

 Tormo, por Jorge Marziali

Lo encontré en mis orejas cuando el niño,

se gastaba en asombros todo el tiempo

y mi madre bailaba algunos tangos

abrazada al lampazo y al plumero.

Guaymallén era un rumbo y un regazo

y la acequia un proyecto marinero,

las guitarras, el único sonido

y el barrio, San José, el universo.

Era vals con tonada la congoja,

eran cueca con gato los festejos

eran brevas los postres de diciembre

y la siesta era un dios, siempre en silencio.

El, que nada sabía, se filtraba

con su canto finito y mañanero

a decir que el parral era una casa

y que los ríos son para vencerlos.

Después vino a contar lo de “Cambicha”

y el valor de sesenta granaderos,

la hidalguía de huérfanos, linyeras,

las ignotas pastoras que se han muerto.

Hombre yo, lo encontré en un escenario

y nos fuimos cantando Cuyo adentro,

con el abrazo de una cordillera

que cuida, como madre, el canto nuestro.

Los cantores no mueren si han cantado

a la luz de la lámpara del pueblo,

ni Arancibia Laborda allá en Mercedes

ni el gran Buenaventura, mensajero.

No mueren Don Hilario ni Palorma,

ni Tejada, la voz de los obreros,

ni Montbrum que esta vivo y a dos puntas

ni este Antonio, que es tormo y es eterno.

Y es más que tormo, es tormagal, tormera

tierra en terrón que nos está volviendo,

con la inocencia virginal del grillo

y con la fuerza de los toneleros.

Lo encontré en mis orejas y lo nombro

porque un niño me viene de regreso,

y una acequia y un vino, una guitarra,

y un aro y una madre con plumero.

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