Dejó Chile y acompañó a su novio que huía de la dictadura: Lula y su historia de amor y coraje

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Por Estefanía Tello

Actualmente, tiene 80 años y sigue viviendo en el Valle de Uco, el lugar que eligió como refugio.

Edulia del Carmen Becerra Arriagada, o Lula, tiene 80 años y vive actualmente en Vista Flores, Tunuyán. Llegó al Valle de Uco en el año 76 en busca de su amor. Su novio, Juan Osvaldo Lavanderos Aguilera decidió dejar Chile en el año 74 después de haber estado preso en el Estadio Nacional Pinochet.

En esta oportunidad, en el marco del mes de la Mujer y la sección que presentó El Cuco Digital sobre “Mujeres Destacadas” de la región, conoceremos la historia de “Lula” una mujer valiente que decidió dejar su país por amor, por decisión política y por valentía.

-Edulia ¿por qué decidió irse de su país, Chile?

Yo llegué acá a la Argentina, a Mendoza, en el año 76. Mi novio se había venido en el 74 por problemas políticos que había en mi país. Nos conocimos en una empresa, trabajábamos los dos en una telefonía. Pero a él lo echaron por sus ideologías políticas y al tiempo, lo metieron preso en el Estadio Nacional Pinochet. Como la situación cada vez estaba peor, él decidió venirse a la Argentina para poder estar mejor, y yo a los dos años me vine a estar con él, es decir, me vine por amor.

-¿Usted se vino directamente al Valle de Uco a vivir?

Sí, porque mi esposo había conseguido trabajo en la tierra.

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Edulia y su esposo

-¿Fue difícil tener que empezar una vida de cero?

Sí, muy difícil, tuvimos una vida muy sacrificada, llegamos con las valijas nomás. Yo no había vivido en la zona rural, en Chile estábamos muy bien económicamente, pero acá fue muy diferente. Mi esposo pensó que era muy fácil acá pero no se nos dieron las cosas como pensábamos y empezamos muy de abajo.  Pero lo lindo es que yo amaba mucho a mi marido y eso fue primordial para aguantar las dificultades.  25 años compartimos juntos antes de que él se enfermara y muriera.

-¿Usted cuando llegó acá, se puso a trabajar?

No, acá nunca trabajé. Mi esposo me decía que si iba a trabajar en la tierra me iba a gastar la plata en remedios porque era sacrificado estar al frío y al sol (risas). Con el tiempo consiguió trabajo de encargado en una finca y con lo que él hacía nos alcanzaba para poder tener lo que necesitábamos. Después vinieron los hijos así que me dediqué a criarlos a ellos.

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Lula trabajó como telefonista en Chile

-¿Cuántos hijos tuvo?

Tres. Bárbara que es doctora, jefa de guardia de Covid-19 en Tupungato, Débora que trabaja en el INTA de La Consulta, muy estudiosa, se ganó una beca y anduvo por Egipto y Jerusalén, y otras partes; y Hernán, que trabaja en una bodega.

-¿Cómo ha sido su vida en Valle de Uco, en Argentina, lejos de su familia?

Al principio extrañé mucho, pero con mi esposo y los chicos todos los años viajábamos aunque sea unos días a ver la familia. Pero dentro de todo aunque empezamos de abajo nos fue bien. Juan era un hombre muy educado, se ganó el cariño de mucha gente, se hizo de buenas amistades. Es más, fue encargado de una sola finca hasta que se enfermó y murió el 8 de noviembre de 1998, a los 56 años.

-Se quedó viuda bastante joven, ¿cómo logró salir adelante?

Ya teníamos nuestra casa, mis hijos estaban estudiando y un hijo que tiene mi marido en Chile siguió ayudándolos. Somos una familia muy unida, esa fue la clave, la unión.

-Y… ahora a sus 80 años y a un año de cumplirse la cuarentena en nuestro país, ¿cómo vivió la pandemia?

Viví la pandemia con la importancia que tiene, cuidándome, pero mi vida ha sido normal. No me traumaticé por la edad que tengo. Yo ahora salgo al supermercado y hago una vida normal, con las precauciones necesarias, usando barbijo. El lunes me vacuné y eso me generó tranquilidad. Sobre todo porque tengo que ir a Chile todos los años por trámites y te piden la vacuna.

-Si tuviera que decirme cuál es la clave de la felicidad a pesar de tener problemas ¿qué me diría?

La clave es ayudarse. Hay que vivir en armonía. Cuando nosotros llegamos acá pensábamos estar un poco tiempo e irnos a algún otro país, pero mi esposo fue bien acogido y decidió quedarse, y yo lo apoyé. Yo estoy muy agradecida de la Argentina porque pudieron crecer y estudiar mis hijos, en Chile quizás lo hubieran hecho pero es otro sacrificio la educación. Además, la vida es lo más lindo que hay, hay que saber vivirla por etapas. Primero nacemos, somos jóvenes, después adultos, envejecemos, hay que ir viviendo cada una de esas etapas de la forma que se debe, no hay que desesperarse y querer saltarse porque cada una implica una responsabilidad importante. Si lo hacemos seremos felices.

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